Los científicos que fisionaron el átomo por primera vez, en 1942, sin
duda fueron algunas de las personas más inteligentes del mundo: Enrico
Fermi, J. Robert Oppenheimer, Hans Bethe, Niels Bohr, Glenn Seaborg y
docenas de otros. Durante los siguientes 50 años, la tecnología nuclear
sirvió como un imán para la gente inteligente, atrayendo estudiantes
graduados que estaban entusiasmados por trabajar a la punta de la
tecnología, donde el financiamiento para la investigación era casi
ilimitado. En el área de las armas nucleares, la energía nuclear o la
medicina nuclear, si usted tenía una idea brillante, probablemente
podía encontrar financiamiento para estudiarla, así que la gente
inteligente se dirigió en gran número hacia la tecnología nuclear.
A pesar de toda esta inteligencia, en 60 cortos años la tecnología
nuclear ha creado una serie de problemas que ahora están entre los más
difíciles, peligrosos y de mayor duración que el mundo haya enfrentado
jamás, y que crecen con cada año que pasa. ¿Cuál fue el problema?
Esta es una pregunta importante ya que -a pesar de todos los problemas
que ya ha creado- la industria nuclear está redoblando sus esfuerzos
para expandirse [NY TIMES, 7 de mayo de 2001, pág. A17]. Además, la
tecnología nuclear no es la tecnología más compleja que los seres
humanos han salido a dominar: la biotecnología y la ahora emergente
nanotecnología [1] son intrínsecamente mucho más complejas. (La
nanotecnología es el intento de crear máquinas del tamaño de moléculas,
algunas de las cuales pueden a su vez crear más máquinas del tamaño de
moléculas.) Si estamos teniendo problemas para controlar la tecnología
nuclear, ¿no deberíamos pensar dos veces antes de hacer uso de nuevas
tecnologías que son mucho más complicadas, mucho menos comprensibles y
por consiguiente menos predecibles?
¿Qué fue lo que salió mal en la tecnología nuclear? Las personas que
nos dieron la tecnología nuclear evidentemente no notaron que nuestra
capacidad para controlar sistemas complejos se encuentra limitada por
sorpresas que surgen de tres fuentes: (1) el malentendido técnico de la
química, la física o la biología subyacente; (2) una asombrosa gama de
fallas administrativas (que incluye simples errores, no querer afrontar
las partes problemáticas de un asunto, la tendencia a
quedarse "dormido" en el trabajo después de unos cuantos años sin
incidentes, y el deseo humano de esconder y negar errores embarazosos);
y (3) las arenas cambiantes de la política y los trastornos económicos,
incluyendo la competencia comercial.
La historia de la energía nuclear nos cuenta que estas tres clases de
sorpresas (técnicas, administrativas y políticas) establecen límites
bastante estrechos a la capacidad humana de controlar tecnologías
complejas. La tecnología nuclear claramente ha excedido nuestra
capacidad humana para el control, mientras la biotecnología y la
nanotecnología hacen que la tecnología nuclear luzca simple y fácil en
comparación.
¿Dónde están las evidencias de que la tecnología nuclear es
incontrolablemente compleja? Están en los diarios casi semanalmente.
Veamos.
** Debido a que opera 51 plantas de energía nuclear para generar
electricidad, Japón justificablemente califica entre las naciones con
mayor tecnología. Sin embargo, el 30 de septiembre de 1999, una planta
de combustible atómico en el pueblo de Tokaimura, a 87 millas al
noroeste de Tokio, arrojó radiactividad al aire. Por lo menos 35
trabajadores resultaron expuestos y a 300.000 residentes cercanos se
les dijo que cerraran las ventanas y que se quedaran en casa [NY TIMES
1 de octubre de 1999, págs. A1, A10]. Cuando ocurrió el accidente, la
planta de Tokaimura estaba en su 17mo. año de funcionamiento comercial.
El accidente comenzó cuando unos trabajadores vertieron 35 libras de
uranio -en lugar de las 5 libras usuales- en un tanque que contenía
ácido nítrico. (Sorpresa administrativa.) El tanque estaba rodeado de
un escudo de agua, el cual reflejó neutrones de vuelta hacia el uranio,
promoviendo así una reacción en cadena. (Sorpresa técnica.) Hubo un
destello de luz azul que no presagiaba nada bueno cuando las 35 libras
de uranio llegaron a un "punto crítico", lo que significaba que una
reacción nuclear en cadena había comenzado a arrojar mortales rayos
gamma y neutrones al área circundante.
Los oficiales de seguridad nuclear japoneses habían inspeccionado
previamente la planta y concluyeron que era imposible que sucediera una
reacción en cadena accidentalmente, así que la planta no tenía ningún
plan de emergencia. (Sorpresa administrativa.) [NY TIMES, 23 de octubre
de 1999, pág. A4].
A las autoridades japonesas les tomó 17 horas controlar la reacción
atómica. La Compañía de Energía Eléctrica de Tokio envió rápidamente
880 libras de borato de sodio a la planta para que absorbiera la
radiación y sofocara la reacción nuclear, pero [las autoridades]
descubrieron que no tenían manera de acercarse suficientemente a la
reacción en cadena como para arrojar el polvo sobre ella. (Sorpresa
administrativa).
Las autoridades japonesas solicitaron ayuda de militares
estadounidenses estacionados en Japón, pero se les dijo que aquellas
tropas no estaban equipadas para tratar accidentes nucleares. (Sorpresa
administrativa.) [NY TIMES, 1 de octubre de 1999, págs. A1, A10].
Los trabajadores por fin controlaron la reacción en cadena destrozando
un tubo conectado al escudo de agua, dejando que saliera la misma [NY
TIMES, 23 de octubre de 1999, pág. A4].
La Comisión Gubernamental de Seguridad Nuclear de Japón inmediatamente
culpó a los trabajadores involucrados. Un miembro de la Comisión
dijo: "Si ellos hubiesen hecho su trabajo como se supone que deben
hacerlo, no hubiese habido manera de que sucediera algo así" [NY TIMES
1 de octubre de 1999, pág. A10].
Sin embargo, pocos días después resultó evidente que la Comisión
Gubernamental de Seguridad Nuclear había malentendido la situación.
(Sorpresa administrativa.) El diario NEW YORK TIMES reportó que,
durante años, los directores de la planta habían estado presionando a
los trabajadores para que obviaran importantes pasos de seguridad, para
aumentar la productividad y aumentar la competitividad. Uno de los
trabajadores lesionados dijo que rutinariamente había usado atajos en
los procedimientos según las direcciones dadas en una versión ilegal de
un manual de la planta que les permitía a los trabajadores acelerar la
producción [NY TIMES, 4 de octubre de 1999, pág. A8]. Por su parte, los
directores de la planta continuaron culpando la "carencia de pericia
suficiente" de los trabajadores, como si el entrenamiento de los
empleados no fuese una responsabilidad administrativa. (Sorpresa
administrativa.) Los directores de la planta se negaron a admitir que
habían instado a los trabajadores a que aceleraran la producción, "pero
los oficiales de la compañía han reconocido que la planta había
enfrentado recientemente una competencia extranjera intensa", reportó
el NEW YORK TIMES. (Sorpresa administrativa, sorpresa política.)
El trabajador más irradiado en el accidente de septiembre, Hisashi
Ouchi, de 35 años, murió a causa de sus lesiones el 22 de diciembre. El
gobierno japonés hizo grandes esfuerzos para mantenerlo con vida,
haciéndole transfusiones de 5 litros de sangre fresca diarios durante
varios meses antes de su muerte. Tal y como lo temía el gobierno, su
muerte catalizó la formación de un movimiento ciudadano que se opone a
la expansión de la energía nuclear en Japón, y en especial busca
detener el uso del "combustible de óxido mixto" o MOX (por sus siglas
en inglés). (Sorpresa política.) [NY TIMES, 13 de enero de 2000, pág.
A1]. El combustible MOX combina plutonio con uranio para producir
combustible para plantas de energía nuclear, como una manera de (1)
evitar la necesidad de nuevo combustible de uranio; y (2) en algunos
casos, reducir el suministro mundial de plutonio puro, del cual pueden
usarse 18 libras para hacer una bomba atómica cruda pero efectiva [NY
TIMES, 12 de noviembre de 2001, pág. B1].
Japón había estado planeando adquirir combustibles de óxido mixto (MOX)
de una planta británica conocida como Sellafield, un complejo
industrial al borde del Mar de Irlanda que emplea a 10.000
trabajadores. Sellafield había comenzado a operar una planta de energía
nuclear en 1956, pero la planta se incendió el 10 de octubre de 1957,
exponiendo a los trabajadores y residentes cercanos a un exceso de
radiactividad. (Sorpresa técnica.) En 1957, el gobierno británico negó
que alguien hubiese resultado perjudicado, pero en 1983 la Junta
Nacional Británica de Protección Radiológica (British National
Radiological Protection Board) calculó que las dosis recibidas por el
público durante el incendio de 1957 podrían causar cientos de casos de
cáncer de la tiroides [2]. (Sorpresa técnica, sorpresa administrativa.)
El gobierno británico publicó su reporte sanitario en 1988, 31 años
después del incendio, y hasta la fecha, algunos datos sanitarios
continúan siendo secretos. (Sorpresa administrativa.)
Sellafield sobrevivió el desastre de 1957 y continuó expandiendo sus
operaciones para incluir el reprocesamiento de combustible nuclear y el
manejo de desechos nucleares. En 1999, en anticipación a un creciente
mercado para combustibles MOX, Sellafield invirtió $480 millones en una
nueva instalación para la fabricación de combustible. Japón accedió
comprar 1/3 de la producción de la planta.
Desafortunadamente, poco después de que Sellafield despachó su primer
lote de combustible MOX a Japón, las autoridades británicas
descubrieron que trabajadores de Sellafield habían falsificado
documentos de inspección relacionados con las barras de combustible
enviadas a Japón. (Sorpresa administrativa.) Un representante sindical
culpó a la competencia comercial: "Claramente había una presión
comercial para satisfacer las exigencias de los clientes", dijo.
(Sorpresa política.) [NY TIMES, 20 de abril de 2000, pág. C4].
En Japón, las noticias de los documentos de inspección falsificados
crearon una protesta de tal magnitud, que el combustible fue rechazado
y enviado de vuelta a Sellafield [NY TIMES, 13 de enero de 2000, pág.
A1]. Suiza y Suecia suspendieron entonces cargamentos de combustible
usado a Sellafield. (Sorpresa política.)
También Alemania dijo haber recibido combustibles MOX de Sellafield
acompañados de documentos falsificados. Subsecuentemente, Alemania
expresó sus inquietudes acerca de las "irregularidades" en el
combustible MOX fabricado en La Haya en Holanda, envolviendo a toda la
industria del combustible MOX en el escándalo y la controversia.
(Sorpresa administrativa, sorpresa política.) [NY TIMES, 20 de abril de
2000, pág. C1]. Dos meses después, Alemania anunció que paulatinamente
dejaría de producir energía nuclear y cerraría todas sus 19 plantas de
energía nuclear. (Sorpresa política.) [NY TIMES, 16 de junio 2000, pág.
A6].
Pero los problemas de Sellafield no terminaron allí. Dos meses después
de la revelación de los documentos falsificados, inspectores del
gobierno británico reportaron "fallas administrativas sistemáticas" en
el complejo de Sellafield y encontraron defectos en toda la "cultura de
seguridad" de Sellafield. (Sorpresa administrativa.) [NY TIMES, 20 de
abril de 2000, pág. C4]. Poco después de esta embarazosa revelación,
las autoridades británicas anunciaron que "un saboteador había cortado
cables que controlaban operaciones robóticas en un área radiactiva de
la instalación". (Sorpresa administrativa.) [NY TIMES, 27 de marzo de
2000, pág. A8]. Irlanda y Dinamarca comenzaron entonces una campaña
internacional para cerrar definitivamente la planta de Sellafield.
(Sorpresa política.)
Con su inversión en combustible MOX en serios problemas y su reputación
destrozada, Sellafield anunció que eventos recientes habían obligado a
aumentar el precio para limpiar la Reservación Nuclear de Hanford en el
Estado de Washington, USA, uno de los lugares más contaminados sobre la
Tierra, donde DuPont, Westinghouse y otras compañías privadas
fabricaron plutonio para armas entre 1943 y 1987. En octubre de 1998,
Sellafield había ofrecido solidificar -por una suma de $6,6 mil
millones- 54 millones de galones de líquidos de desecho, sales y
sedimentos radiactivos de DuPont y Westinghouse mantenidos en 177
tanques en Hanford. Pero 18 meses después, a finales de abril de 2000,
la dirección de Sellafield dijo que la limpieza de Hanford ahora le
costaría a los contribuyentes estadounidenses $15,2 mil millones. El
Departamento de Energía de los E.U.A. (U.S. Department of Energy) se
opuso, canceló el contrato con Sellafield y declaró su intento
de "privatizar" la limpieza de Hanford como un fracaso. Evidentemente,
el sector privado tiene el dinero para crear una de las cazuelas
radiactivas más grandes del mundo, pero no tiene dinero para limpiarla.
(Sorpresa administrativa, sorpresa política.) [NY TIMES, 27 de abril de
2000, pág. C4; NY TIMES, 9 de mayo de 2000, pág. C4].
La limpieza de Hanford es en sí misma una frontera técnica. De los 177
tanques de desechos en Hanford, 149 están hechos de una sola capa de
acero. Hasta el momento, 68 tanques han goteado y "se espera que todos
los tanques de una sola capa goteen eventualmente", reportó el NY TIMES
el 23 marzo de 1998, pág. A10. (Sorpresa técnica.)
Durante 50 años, directores del sector privado y del gobierno en la
Reservación Hanford mantuvieron firmemente que las goteras de líquidos
radiactivos eran intrascendentes debido a que la tierra enlazaría
fuertemente las partículas radiactivas, evitando que se muevan hacia el
río Columbia. Sin embargo, en 1997, los oficiales anunciaron que se
habían equivocado y que los desechos filtrados ya habían entrado al
río. (Sorpresa técnica.) [NY TIMES, 11 de octubre de 1997, pág. A7].
De los 54 millones de galones de desechos abandonados por DuPont y
Westinghouse en Hanford, hasta ahora por lo menos 900.000 galones se
han escapado a la tierra en su ruta hacia el río. Nadie tiene ninguna
idea de cómo recuperarlos. (Sorpresa técnica.) [NY TIMES, 23 de marzo
de 1998, pág. A10].
Continuará.
=====
[1] http://www.foresight.org/NanoRev/FIFAQ1.html#FAQ1 y
http://www.nanozine.com/WHATNANO.HTM#whatsa
[2] Jean McSorley, LIVING IN THE SHADOW (London: Pan Books, 1990; ISBN
0330313312).