Environmental Health News

What's Working

  • Garden Mosaics projects promote science education while connecting young and old people as they work together in local gardens.
  • Hope Meadows is a planned inter-generational community containing foster and adoptive parents, children, and senior citizens
  • In August 2002, the Los Angeles Unified School District (LAUSD) Board voted to ban soft drinks from all of the district’s schools

#774 - LA REVOLUCION, PARTE 3: PARTICULAS ULTRAFINAS, 23-Jul-2003

Está ocurriendo una revolución en la ciencia y la tecnología, que
mezcla la ciencia cognitiva (cómo funciona el cerebro), la
biotecnología (manipulación de los genes), la informática y la
nanotecnología. Los ingenieros que están organizando esta revolución
explican que es "esencial para el futuro de la humanidad" [1, pág. 22]
debido a que promete "paz mundial, prosperidad universal y evolución a
un nivel más alto de compasión y logros" [1, pág. 6]. Dicen que puede
ser "un evento decisivo en la historia, que se compara con la invención
de la agricultura y la Revolución Industrial" [1, pág. 20]. La meta
final de la revolución no es nada nuevo: la "conquista de la
naturaleza" [1, pág. 80].

La revolución resulta impulsada por la convergencia de cuatro
tecnologías (la nanotecnología, la biotecnología, la informática y la
tecnología cognoscitiva), pero de nuevo nos concentraremos solamente en
una de las cuatro -la nanotecnología- ya que se está convirtiendo en la
piedra basal de la biotecnología y la informática [1, pág. 71], debido
a que en gran parte ha sido ignorada por los medios de comunicación
social, y debido a que está avanzando a una velocidad vertiginosa. No
resulta exagerado decir que el campo de la nanotecnología está
controlado por una mentalidad de "fiebre del oro". Visite
http://nanotech-now.com/ cualquier día de la semana para echarle un
vistazo a la fiebre del oro en acción.

La nanotecnología deriva su nombre del nanómetro, una unidad de medida;
la milmillonésima parte de un metro, la milésima parte de un
micrómetro. El diccionario Oxford define la nanotecnología como "la
rama de la tecnología que trata con dimensiones y tolerancias menores
de 100 nanómetros, particularmente la manipulación de átomos y
moléculas individuales".

En el año 2000, el Presidente Clinton creó la Iniciativa Nacional de la
Nanotecnología (National Nanotech Initiative), la cual ahora recibe un
financiamiento del nivel de $700 millones al año -el tercer programa
público de investigaciones en los EE.UU., después de la lucha contra el
cáncer y el programa de defensa antimisiles "star wars". (Ver SYMA #772
y #773.) En cada estado de los EE.UU., los proponentes de la
nanotecnología están apropiándose del dinero de los contribuyentes para
subsidiar "el próximo gran proyecto". Muchos estados esperan establecer
su propio "Nano Valley" como un lejano oeste de negocios, inspirado en
Silicon Valley cuando estaba en su mejor momento.

En marzo de este año, la revista Small Times dijo que los estados con
el mayor potencial en nanotecnología son California, Massachusetts,
Nuevo México, Arizona, Texas, Maryland, Nueva York, Illinois, Michigan
y Pennsylvania, seguidos muy de cerca por Colorado, Nueva Jersey,
Carolina del Norte, Ohio, Virginia y el estado de Washington [2]. La
Fundación Nacional de la Ciencia predice que la nanotecnología será una
industria de billones (10|12) (en los EE.UU.: 1 'trillón' = 1 billón)
de dólares para 2015, en tan sólo 12 años [2]. La nanotecnología se nos
está acercando a una velocidad vertiginosa.

Esta semana nos concentraremos tan sólo en un aspecto de la
nanotecnología: los efectos de las nanopartículas -partículas de 100
nanómetros (0,1 micrómetros) de diámetro o menos- sobre el medio
ambiente y sobre la salud humana. Como vimos en SYMA #772, la
fabricación intencional de nanopartículas ya está en camino, y esta
nueva industria se está preparando en todo el mundo. Las nanopartículas
se conocen bajo diferentes nombres, tales como nanodots, nanotubos,
buckyballs y buckminsterfullerenes, entre otros.

Según el Etc Group, el cual sigue el desarrollo de la nanotecnología
con atención, se calcula que unas 140 compañías están produciendo
nanopartículas en este momento en polvos, esprays y revestimientos
protectores que están siendo utilizados en una variedad de productos,
incluyendo cremas con protector solar, partes de automóviles, raquetas
de tenis, lentes a prueba de rayas, telas con antimanchas, ventanas
autolimpiantes y más [3, pág. 2]. Se ha reportado que Mitsubishi
Chemical en Japón comenzó la construcción de una planta para fabricar
nanotubos a un ritmo de 120 toneladas por año, con planes de aumentar
la producción a 1500 toneladas por año para 2007 [4]. La agencia
espacial del gobierno de los EE.UU., NASA, planea pasar los próximos
cinco años aumentando la producción de nanotubos [1, pág. 50].

Una de las características más importantes de las nanopartículas es su
inmensa proporción superficie/volumen. Mientras más pequeño es algo,
más grande es su superficie en comparación con su volumen. Debido a que
las nanopartículas son tan pequeñas, ellas tienen una superficie enorme
en relación con su volumen. Las compañías de medicamentos están
planeando tomar ventaja de aquellas grandes superficies -por ejemplo,
cubriendo las nanopartículas con medicinas para transportarlas al
interior de nuestras células con un objetivo específico. Mientras más
pequeña es la partícula, mayor es la carga de medicinas que puede
transportar (mayor en relación con el volumen de la partícula).

Desafortunadamente, el gran tamaño de la superficie de las pequeñas
partículas también las hace peligrosas al menos por dos razones:
primero, ya sólo las grandes superficies promueven la reacción del
oxígeno con el tejido humano (o animal), creando radicales libres.

"Los radicales libres son átomos o grupos de átomos con un número impar
de electrones y pueden formarse cuando el oxígeno interacciona con
ciertas moléculas. Una vez que se forman estos radicales altamente
reactivos, los mismos pueden comenzar una reacción en cadena, como el
efecto dominó. Su principal peligro viene del daño que pueden hacer
cuando reaccionan con componentes celulares importantes como el ADN o
la membrana celular [la cubierta exterior de la célula]. Las células
pueden funcionar mal o morir si esto sucede", explica el Dr. Mark
Jenkins de la Universidad Rice [5].

Resumiendo, la gran superficie de las nanopartículas ofrece un sitio
ideal donde pueden suceder reacciones con el oxígeno en las vías
respiratorias y los pulmones, resultando en la formación de radicales
libres con el subsecuente daño a la célula o la muerte celular, seguida
por la inflamación.

El segundo peligro de las nanopartículas aparece cuando estas flotan
libremente en el aire, donde su gran superficie proporciona un sitio
pegajoso donde se adhieren los metales e hidrocarburos. Mientras menor
es el tamaño de una partícula, mayor es la carga de metales e
hidrocarburos que puede llevar (mayor en relación con el volumen de la
partícula).

¿Qué sabemos acerca de los efectos de las nanopartículas sobre la salud?

Resulta ser que ya tenemos una buena cantidad de datos sobre los
peligros de las nanopartículas transportadas por el aire -pero los
investigadores no las llaman nanopartículas. Ellos las llaman
partículas ultrafinas. Las nanopartículas y las partículas ultrafinas
son la misma cosa -son partículas con un diámetro promedio de 100
nanómetros (0,1 micrómetros) o menos.

Por más de una década, los científicos han sabido que las partículas
finas y ultrafinas en el aire crean calina y matan un gran número de
seres humanos. Las partículas finas y ultrafinas son producidas por
plantas de energía de combustible fósil, incineradores, hornos de
cemento y motores diesel, entre otras fuentes. Ya en 1991, el Dr. Joel
Schwartz de la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. (U.S.
Environmental Protection Agency), ahora en Harvard, calculó que las
partículas finas estaban matando a 60.000 personas en los EE.UU. cada
año. Este espeluznante cálculo ha sido confirmado y reconfirmado desde
entonces y ahora es ampliamente aceptado [6]. Las partículas finas se
definen como aquellas que tienen un diámetro de 10.000 nanómetros (10
micrómetros) o menos. Las partículas ultrafinas son 100 veces más
pequeñas que las partículas finas [6].

Hoy en día, los investigadores están estudiando las propiedades de las
partículas ultrafinas y parece haber pocas dudas de que ellas son los
principales asesinos en la calina. Estudios en Los Angeles, California,
revelan que las partículas ultrafinas son 10 a 50 veces más
perjudiciales para el tejido de los pulmones, comparadas con las
partículas finas más grandes [7].

Desde 1991, los científicos se han preguntado si las partículas finas y
ultrafinas ocasionan daños ya sólo por su tamaño, o porque transportan
metales e hidrocarburos muy adentro de los pulmones. Hoy en día los
investigadores creen que, en el caso de las partículas ultrafinas, la
respuesta es ambas razones.

La Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU.(U.S. Environmental
Protection Agency, EPA) se refiere a las partículas finas como PM 10
(por "partícula de materia de 10 micrómetros o menos de diámetro").
Para 1996, la EPA se convenció de que las PM 2.5 (partículas con
diámetros de 2,5 micrómetros [2500 nanómetros] o menos) eran muchísimo
más peligrosas que las PM 10, y la agencia propuso reglas para
controlar la contaminación del aire con PM 2.5. Las corporaciones
demandaron inmediatamente en la corte para "quitarnos al gobierno de
encima" y para cumplir con su deber fiduciario con los accionistas por
todos los medios legales, aunque en este caso ese deber signifique
matar a decenas de miles de ciudadanos anónimos cada año. En 2001,
después de una batalla de 5 años en las cortes, la EPA ganó en la Corte
Suprema de los EE.UU.; pero la agencia, escarmentada por los encuentros
corporativos, ha archivado su plan para controlar la contaminación del
aire con PM 2.5 [8].

Mientras tanto, se están acumulando nuevos estudios que muestran que
las nanopartículas (partículas ultrafinas, las cuales según la
terminología de la EPA serían PM 0.1) son con mucho las más peligrosas
de todas.

La EPA no recopila datos sobre las nanopartículas de ninguna manera
sistemática, y no ha anunciado planes para controlarlas. Mientras
tanto, las corporaciones de nanopartículas y la NASA están acelerando
operaciones industriales para fabricar partículas ultrafinas por
toneladas. Pareciera que se está preparando el escenario para nuevos y
grandes problemas y una escalada en las muertes.

El panorama continúa desarrollándose, pero las investigaciones actuales
muestran que las nanopartículas en los pulmones causan la formación de
radicales libres, los cuales a su vez causan enfermedades pulmonares y
cardiovasculares. Además, las nanopartículas transportan metales e
hidrocarburos cancerígenos muy adentro de los pulmones, donde exacerban
el asma y otros problemas respiratorios serios. Además de esto, las
nanopartículas combinadas con los metales pueden pasar directamente al
cerebro, donde promueven la formación de placas amiloides cerosas, las
cuales son la característica principal de la enfermedad de Alzheimer.

En Fresno, California, Kent E. Pinkerton de la Universidad de
California en Davis estudió autopsias y encontró que "personas
aparentemente robustas usualmente albergan daños en las vías
respiratorias finas de sus pulmones, determinando las condiciones para
las enfermedades respiratorias y cardiovasculares". Los bronquiolos
estaban cicatrizados con fibrosis y un engrosamiento anormal,
aparentemente causado por "los estragos de los radicales libres" [6, 9].

La subsiguiente exposición de ratas a partículas ultrafinas a los
niveles encontrados en Fresno en un mal día revelaron muchas células
muertas en los pulmones de las ratas, un gran número de células
inflamatorias (neutrófilos), y la destrucción de macrófagos -que son
las células que promueven la salud eliminando activamente el material
extraño de los pulmones [10]. En otras palabras, las partículas
ultrafinas matan las defensas naturales de los pulmones, después crean
su propia forma única de daño, promoviendo los radicales libres, la
muerte celular, la inflamación y eventualmente la enfermedad
cardiovascular.

Los hallazgos de Pinkerton fueron confirmados por un estudio de los
pulmones de mujeres no fumadoras en la Ciudad de México y en Vancouver,
Columbia Británica, los cuales revelaron un extenso daño en los
pulmones por la exposición al aire sucio de la Ciudad de México, pero
no al aire de Vancouver. [4]. Las pequeñas vías respiratorias de las
mujeres mexicanas "eran muy anormales", presentando fibrosis y
engrosamiento.

El investigador Ken Donaldson de la Universidad de Edinburgo en Escocia
ha estudiado partículas de dióxido de titanio puro y carbono puro. A un
diámetro de 10 micrómetros, las mismas no causan daños a los pulmones
de las ratas. Pero cuando son trituradas para producir partículas
ultrafinas "fácilmente pueden producir inflamación en los pulmones",
declaró a Science News [6, 12, 13]. En otras palabras, las
nanopartículas de carbono, sin ningún contaminante pegado (como metales
o hidrocarburos), causan daños a los pulmones por sí mismas. Ya sólo su
tamaño es dañino.

Donaldson realizó experimentos similares con partículas ultrafinas de
estireno puro, con resultados parecidos, demostrando que sólo el tamaño
nanométrico ya es un peligro. Esto indica claramente que la producción
de nanopartículas será una amenaza para los trabajadores, y cualquier
partícula liberada en el aire exterior será una amenaza a la salud
pública. Vale la pena señalar algo que es obvio: mientras más pequeñas
se vuelven las partículas, más difíciles son de controlar y contener.

Las nanopartículas que flotan en el aire no seguirán siendo puras mucho
tiempo. Los metales y los hidrocarburos (provenientes de fuentes de
combustión como incineradores, hornos de cemento, plantas de energía de
combustibles fósiles y motores diesel) cubrirán sus grandes superficies
rápidamente.

Ahora se sabe que los efectos mortales de las partículas finas y
ultrafinas no están restringidos a los pulmones, sino que también
aparecen en el sistema cardiovascular y el cerebro. Renaud Vincent y
sus colegas en Health Canada (el equivalente canadiense de los
Institutos Nacionales de la Salud de los EE.UU.) aclaró el mecanismo de
daño cardiovascular exponiendo a voluntarios sanos a niveles altos de
partículas finas -los niveles que usted pudiera encontrar en una ciudad
con el aire sucio [14, 15, 6].

Vincent encontró que la exposición a partículas ultrafinas duplica la
concentración de una pequeña proteína (llamada endotelina) en la
corriente sanguínea. La endotelina aumenta la presión sanguínea. La
subida repentina en los niveles de endotelina puede ser tolerada por
una persona sana, pero puede matar a una persona que sufra de
aterosclerosis (endurecimiento de las arterias) [6].

Lo que es más importante, el pico en la concentración de endotelina
sólo ocurre cuando las personas están expuestas a las partículas finas
y ultrafinas que tienen metales o hidrocarburos pegados a ellas. Si las
partículas son purificadas antes de que los seres humanos sean
expuestos a ellas, ellas no tienen efecto sobre los niveles de
endotelina. Por lo tanto, parece ser la combinación de partículas
ultrafinas y metales y/o hidrocarburos lo que aumenta la endotelina.

Otros investigadores también han estado estudiando los efectos de las
partículas finas y ultrafinas sobre la salud cardiovascular. Los
científicos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard
expusieron a perros a partículas finas y ultrafinas, y luego simularon
ataques al corazón en los perros usando un globo implantado
quirúrgicamente para cortar temporalmente una arteria coronaria. Los
perros que habían respirado partículas ultrafinas no podían compensar
la arteria bloqueada -lo que puede ayudar a explicar por qué los seres
humanos que sufren ataques al corazón en días en los que el aire es
malo tienen una mayor probabilidad de morir que las personas que sufren
ataques al corazón donde el aire es más limpio [16].

Las enfermedades cardiovasculares y los ataques al corazón no son la
única preocupación que surge de la exposición a las partículas finas y
ultrafinas en el aire. Un equipo de investigación de la Universidad de
Carolina del Norte que trabajaba con perros que vivían en Ciudad de
México mostró que la exposición a la contaminación ultrafina del aire
causa daño cerebral. Lilian Calderon-Garciduenas encontró que las
partículas ultrafinas transportan metales tales como el vanadio y el
níquel al cerebro de los perros a través de la nariz. Las partículas
finas echan abajo las barreras que normalmente evitan que los
contaminantes entren al cerebro [6, 17].

Frecuentemente se usan perros como modelos para estudiar los problemas
cognoscitivos que aparecen en la vejez en los seres humanos. Algunos
perros de 10 años y más desarrollan las placas cerosas características
de la enfermedad de Alzheimer. El estudio de Calderon-Garciduenas de
200 perros en Ciudad de México revela que los animales que respiran
partículas ultrafinas desarrollan placas cerosas de beta-amiloides en
el cerebro antes de cumplir un año de edad [6, 17].

Calderon-Garciduenas le dijo a la escritora científica Janet Raloff que
sus hallazgos son "definitivamente preocupantes" ya que ha estudiado
las fosas nasales de seres humanos en Ciudad de México y encontró
evidencias de ruptura del tejido nasal, similar a lo encontrado en los
perros [6].

Los investigadores de la U.S. EPA y sus colegas en Alemania encontraron
que los metales pegados a las partículas finas y las partículas
ultrafinas exacerban enormemente el asma. Primero examinaron niños en
una ciudad de Alemania donde el aire está contaminado con partículas
finas y ultrafinas mezcladas con metales. Los niños de las ciudades
mostraron reacciones alérgicas fuertes, comparados con los niños que
viven en un pueblo rural de Alemania donde el aire es relativamente
limpio. Los investigadores expusieron entonces a ratones a las dos
clases de aire que estaban respirando los niños. Informaron que los
ratones expuestos a partículas ultrafinas contaminadas con metales
desarrollaron reacciones alérgicas y asmáticas fuertes en sus vías
respiratorias [18].

Utilizando células pulmonares aisladas, los investigadores encontraron
que las partículas ultrafinas del aire de Los Angeles (a) transportan
muchos más subproductos tóxicos de la combustión por unidad de peso que
las partículas más grandes (no es de sorprender debido a la relación
superficie-volumen); y (b) entran en las células y se fijan en las
mitocondrias, las cuales son las fuentes de energía de las células. Las
partículas ultrafinas convierten a las mitocondrias en "bolsas en mal
estado de funcionamiento", matando las células a las que estaban
proporcionando energía, dijo el investigador Andre Nel a Science News
[7, 6].

Resumiendo, la industria de la nanotecnología y el gobierno de los
EE.UU. están acelerando una nueva capacidad industrial para producir
toneladas de partículas ultrafinas, muy parecidas a las partículas que
ya se sabe matan a decenas de miles de personas en los EE.UU. cada año.
El catálogo completo de daños por estas partículas aún no se ha
determinado, pero ya sabemos que causan o agravan el asma y las
enfermedades cardiovasculares, perjudican las vías respiratorias
pequeñas de los animales, los seres humanos adultos y niños,
transportan metales y subproductos de la combustión causantes de cáncer
muy adentro de los pulmones y hasta al cerebro, donde promueven el
crecimiento de placas amiloides relacionadas con la enfermedad de
Alzheimer.

También sabemos que el sistema regulador actual ha demostrado ser
incapaz de controlar la contaminación por partículas debido a la
incesante oposición por parte de las corporaciones. Por ley, las
corporaciones están obligadas a poner las ganancias delante de la salud
pública, por lo tanto nunca podremos esperar que ellas hagan algo mejor
de lo que están haciendo ahora, hasta que cambiemos la ley [19].

Evidentemente, en el caso de las nanopartículas, tenemos sospechas
razonables de daños y nos queda algo de incertidumbre científica. Por
lo tanto, tenemos el deber ético de actuar de manera preventiva. Si
alguna vez ha habido un momento propicio para invocar el principio de
la precaución, es éste [20].

=====

[1] Mihail C. Roco y William Sims Bainbridge, editores, Converging
Technologies for Improving Human Performance (Washington, D.C.:
National Science Foundation, junio de 2002. Disponible en
http://rachel.org/library/getfile.cfm?ID=208 pero el archivo tiene un
tamaño de 3.7 megabytes.

[2] Anónimo, "Small Times Magazine Names Top 10 Small Tech Hot Spots",
Small Times 12 de marzo de 2003. Disponible en
http://rachel.org/library/getfile.cfm?ID=298

[3] "The Little BANG Theory", ETC Group Communique #78 (marzo/abril
2003). Disponible en http://www.etcgroup.org/documents/comBANG2003.pdf .

[4] Jayne Fried, "Japan Sees Nanotech as Key to Rebuilding Its
Economy", Small Times 7 de enero de 2002, págs. desconocidas.
Disponible en http://rachel.org/library/getfile.cfm?ID=223 .

[5] Mark Jenkins, "Antioxidants and Free Radicals", 1996, disponible en
http://www.rice.edu/--jenky/sports/antiox.html y en
http://rachel.org/library/getfile.cfm?ID=299 .

[6] Janet Raloff, "Air Sickness", Science News Vol. 164, No. 5 (2 de
agosto de 2003). Disponible en:
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=280 .

[7] Ning Li y col., "Ultrafine Particulate Pollutants Induce Oxidative
Stress and Mitochondrial Damage", Environmental Health Perspectives
Vol. 111, No. 4 (abril 2003), págs. 455-460. Disponible en
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=288 .

[8] Janet Raloff, "High court gives EPA a victory", Science News Vol.
159, No. 10 (10 de marzo de 2001), pág. 159.

[9] Kent E. Pinkerton y otros, "Distribution of Particulate Matter and
Tissue Remodeling in the Human Lung", Environmental Health Perspectives
Vol. 108, No. 11 (noviembre 2000), págs. 1063-1069. Disponible en
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=281

[10] Kevin R. Smith, "Airborne Particles of the California Central
Valley Alter the Lungs of Healthy Adult Rats", Environmental Health
Perspectives Vol. 111, No. 7 (junio 2003), págs. 902-908. Disponible en
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=282 .

[11] Andrew Churg y otros, "Chronic Exposure to High Levels of
Particulate Air Pollution and Small Airway Remodeling", Environmental
Health Perspectives Vol. 111, No. 5 (mayo 2003), págs. 714-718.
Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=283 .

[12] L.C. Renwick y otros, "Impairment of Alveolar Macrophage
Phagocytosis by Ultrafine Particles", Toxicology and Applied
Pharmacology Vol. 172 (2001), págs. 119-127. Disponible en
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=293 .

[13] D.M. Brown y otros, "Size-Dependent Proinflammatory Effects of
Ultrafine Polystyrene Particles: A Role for Surface Area and Oxidative
Stress in the Enhanced Activity of the Ultrafines", Toxicology and
Applied Pharmacology Vol. 175 (2001), págs. 191-199. Disponible en
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=291 .

[14] Robert D. Brook y otros, "Inhalation of Fine Particulate Air
Pollution and Ozone Causes Acute Arterial Vasoconstriction in Healthy
Adults", Circulation Vol. 105 (2002), págs. 1534-1536. Disponible en
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=290 .

[15] Leo Bouthillier y otros, "Acute Effects of Inhaled Urban Particles
and Ozone; Lung Morphology, Macrophage Activity, and Plasma Endothelin-
1", American Journal of Pathology Vol. 153, No. 6 (diciembre 1998),
págs. 1873-1884. Disponible en
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=289 .

[16] Gregory A. Wellenius y otros, "Inhalation of Concentrated Ambient
Air Particles Exacerbates Myocardial Ischemia in Conscious Dogs",
Environmental Health Perspectives Vol. 111, No. 4 (abril 2003), págs.
402-408. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?
ID=284 .

[17] Lilian Calderon-Garciduenas y otros, "Air Pollution and Brain
Damage", Toxicologic Pathology Vol. 30, No. 3 (2002), págs. 373-389.
Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=292 .

[18] Stephen H. Gavett y otros, "Metal Composition of Ambient PM 2.5
Influences Severity of Allergic Airways Disease in Mice", Environmental
Health Perspectives Vol. 111, No. 12 (septiembre 2003), págs. 1471-
1477. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=285 .

[19] Robert Hinkley, "Twenty Eight Words to Redefine Corporate Duties",
Multinational Monitor Vol. 23, Nos. 7 y 8 (julio/agosto 2002);
disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=237 . Y
asegúrese de ver también The Model Uniform Code for Corporate
Citizenship,
disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=236 .

[20] Sobre el principio de la precaución, ver
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=187 y
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=188 y
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=189 y
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=227 .