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#733 - El Movimiento Ambientalista -- Parte 2: Éxitos y Fracasos, 12-Sep-2001

En esta serie estamos explorando la evolución del movimiento
ambientalista moderno, desde alrededor de 1965 hasta ahora. Las
organizaciones ambientalistas de la corriente dominante con los mayores
presupuestos son Environmental Defense, Natural Resources Defense
Council, National Wildlife Federation, Sierra Club y Wilderness
Society. Desde finales de la década de 1970 ha aparecido un nuevo
movimiento ambientalista. Este movimiento de "justicia ambiental" (EJ,
por sus siglas en inglés) está formado por aproximadamente quinientos
grupos con base local. Hay descripciones de muchos de estos grupos
entre las 2700 organizaciones descritas hasta ahora en nuestro sitio
web http://www.rachel.org. (Se insta a los grupos ambientalistas de
todo tipo a que se sumen a nuestro sitio web, haciendo de esta manera
que el movimiento se vuelva visible. Si usted sabe de grupos que nos
falten, envíe un correo electrónico a erf@rachel.org o llame gratis al
(888) 272-2435.)

La inmensa mayoría de los ciudadanos estadounidenses -aproximadamente
80%- expresa un fuerte apoyo por los valores ambientales [1]; sin
embargo, la mayoría de ellos nunca se ha unido ni al movimiento
tradicional ni al de la justicia ambiental, así que ambos movimientos
son políticamente más débiles de lo que podrían ser. Una pregunta obvia
es: ¿por qué?

Históricamente, muchos ambientalistas profesionales de la corriente
dominante han visto a los seres humanos principalmente como una fuente
de problemas. Esta visión ha apartado la agenda ambientalista de la
nación lejos de las preocupaciones humanas. Ahora, algunas personas
dentro del Sierra Club han rechazado este punto de vista, pero se sigue
manteniendo ampliamente.

La editorial MIT Press publicó recientemente una excelente historia
corta del movimiento ambientalista por William Shutkin: THE LAND THAT
COULD BE ("EL PAIS POSIBLE"). Shutkin observa: "...el ambientalismo
tradicional se ha concentrado en lugares donde, en realidad, pocos de
nosotros vivimos y trabajamos, como los parques naturales y los parques
nacionales, mientras que ha pasado por alto las áreas densamente
pobladas como las ciudades y los suburbios" [2, pág. 127].

Shutkin continúa diciendo: "Han quedado fuera del movimiento
[ambientalista tradicional] las personas en sí y los problemas
ambientales que, muy literalmente, nos afectan personalmente -problemas
locales como la carencia de espacios abiertos, los "brownfields"
[sitios urbanos contaminados], el asma producido por la contaminación
del aire y otros problemas ambientales endémicos de muchas comunidades
estadounidenses... Las comunidades y los distritos electorales locales
han sido relegados tanto por el "establishment" ambientalista del
interés público como por el mismo sistema de leyes y políticas
ambientales" [2, pág. 120].

Y lo que es importante: los ambientalistas profesionales de la
corriente dominante tradicionalmente han visualizado el desarrollo de
la comunidad y el desarrollo económico como incompatibles con la
protección ambiental, dándole así la espalda a las preocupaciones
básicas de la mayoría de los estadounidenses -la clase trabajadora, los
pobres y la gente de color.

Shutkin: "A pesar de la importancia de la inversión económica y las
oportunidades de empleo para la salud general de la comunidad,
incluyendo la protección ambiental y la disponibilidad de métodos de
producción ambientalmente sustentables, estos problemas no han
adquirido importancia entre los ambientalistas profesionales de la
corriente principal. De manera similar, el movimiento no ha sido capaz
de tratar la persistente segregación racial de las comunidades, lo que
ha resultado en el desarrollo continuo de áreas suburbanas y rurales,
con los costos ambientales relacionados" [2, págs. 124-125].

El movimiento ambientalista profesional de la corriente dominante no
sólo ha ignorado la importancia del desarrollo económico y los efectos
corrosivos del racismo persistente; también ha solidificado e
institucionalizado un sistema de protección ambiental diseñado
(intencionalmente o no) para dirigir los contaminantes hacia las
comunidades pobres. Como escribió el abogado Luke Cole:

"Las leyes ambientales no están diseñadas por ni para la gente pobre.
La teoría e ideología detrás de las leyes ambientales ignora la génesis
sistémica de la contaminación. Los estatutos ambientales en realidad
legitiman la contaminación de los vecindarios de bajos ingresos" [3,
pág. 642].

Cole continúa: "Los ambientalistas de la corriente dominante ven la
contaminación como el FRACASO del gobierno y la industria -si tan sólo
los ambientalistas pudieran reformar las pocas cosas malas, nuestro
medio ambiente estaría protegido. Pero los activistas de la base ven la
contaminación como el ÉXITO del gobierno y la industria, éxito en
cuanto al objetivo principal de la industria: maximizar las ganancias
exteriorizando los costos ambientales. La contaminación de nuestro
aire, nuestra tierra y nuestra agua que literalmente está matando a las
personas, frecuentemente no viola las leyes ambientales..." [3, pág.
643].

Debido a que el ambientalismo profesional de la corriente dominante
excluía otras preocupaciones claves de la clase trabajadora, los pobres
y las minorías, a finales de la década de 1970 comenzó a emerger un
nuevo enfoque de la protección ambiental en los E.U.A.

Este nuevo enfoque -la justicia ambiental- se concentra en los
ambientes en los cuales la gente vive, trabaja y juega, y supone que la
protección y la justicia ambientales requieren una lucha política
contra las corporaciones. También reconoce que la protección ambiental
nos exige que nos comprometamos, defendamos y reconstruyamos nuestras
comunidades. El párrafo 12 de los Principios de Justicia Ambiental de
1991 dice: "La justicia ambiental afirma la necesidad de políticas
ecológicas urbanas y rurales para limpiar y reconstruir nuestras
ciudades y áreas rurales en equilibrio con la naturaleza, honrando la
integridad cultural de todas nuestras comunidades y proporcionando
acceso justo para todos a toda la gama de recursos" [4].

En la práctica, el movimiento de EJ ha tenido considerable éxito
manteniendo proyectos perjudiciales, tales como incineradores de
basura, fuera de las comunidades pobres y de color. Y ha establecido el
principio de que cada persona tiene el derecho a un medio ambiente
limpio.

Como resultado del apoyo que ha prestado la EJ (y trabajos similares
por grupos de la base en el extranjero), el derecho a un medio ambiente
limpio ahora está siendo reconocido como un derecho humano fundamental
[5]. En abril de este año, la Comisión de las Naciones Unidas sobre los
Derechos Humanos (United Nations Commission on Human Rights) declaró
formalmente que: "Toda persona tiene el derecho a vivir en un mundo
libre de contaminación tóxica y degradación ambiental". Al anunciar
esta nueva declaración de los derechos humanos, Claus Toepfer, director
ejecutivo del Programa Ambiental de las Naciones Unidas (United Nations
Environment Programme), dijo: "Es hora de reconocer que aquellos que
contaminan o destruyen el medio ambiente natural no sólo están
cometiendo un crimen contra la naturaleza, sino que también están
violando los derechos humanos" [5]. Este declaración transforma la
principal preocupación del movimiento de EJ -igual protección contra
los daños ambientales- en una norma internacional. Desde cualquier
punto de vista, este es un logro importante y duradero del movimiento
de EJ.

Además, algunos grupos de EJ han hecho la difícil transición desde la
protección ambiental hasta la protección y el desarrollo económico de
la comunidad. Algunos grupos de EJ ahora poseen y administran
viviendas, laboratorios de entrenamiento en computación, jardines
urbanos, mercados agrícolas y restaurantes. Algunos grupos de EJ han
tomado el control del proceso de planeamiento comunitario. Así que el
movimiento de EJ está comenzando a emprender proyectos que de hecho
tienen un gran atractivo -mucho más allá del alcance de los
ambientalistas tradicionales. (Discutiremos esto en detalle en la Parte
3.)

William Shutkin establece el punto de que el ambientalismo profesional
de la corriente dominante ha fracasado -incluso dentro de sus propios
términos- debido a que desarrolló un estilo de lucha que no fue capaz
de movilizar la participación democrática de las personas afectadas en
todas partes. "Con su maquinaria de publicidad por correo, su
estructura centralizada y su toma de decisiones vertical, el
ambientalismo profesional de la corriente dominante ha cultivado un
grupo de seguidores en su mayor parte pasivo y en el proceso se ha
despojado de la capacidad de activar e inspirar la participación
política robusta y el compromiso cívico, las mismas fuerzas que pueden
hacer responsables a quienes toman las decisiones, evitar daños
ambientales e instituir estrategias ambientales locales y
regionales..." [2, págs. 122-123].

Esencialmente, el ambientalismo profesional de la corriente dominante
no fue capaz de apreciar la importancia del capital natural y social en
la creación y el mantenimiento de comunidades robustas:

Shutkin dice: "...[el capital ambiental como el transporte de masas,
los parques y los senderos con árboles es pagado con fondos públicos y
requiere de la constante inversión pública para su mantenimiento y
mejoras. Tal capital constituye una parte significativa de los espacios
públicos del país -la infraestructura física que permite que la gente
se reúna, se relacione cara a cara y se dedique a actividades cívicas.
Sin él, nuestras comunidades no poseerían ninguno de los recursos
físicos que permiten que se exprese la vida cívica. Resumiendo, el
capital ambiental está formado por los mecanismos que permiten la
cultura cívica" [2, págs. 125-126].

Pero esto funciona en ambos sentidos: en nuestras ciudades y pueblos,
los servicios ambientales son el mecanismo que permite la vida cívica,
pero la participación cívica activa es esencial para el mantenimiento
de los ambientes locales. De nuevo, William Shutkin:

"La mayoría de los estadounidenses ha perdido el contacto no sólo con
sus vecinos, sino [también con] los lugares físicos donde vive y
trabaja -su medio ambiente. En el transcurso de un día, una semana o un
mes cualquiera, muchos de nosotros tenemos poca participación directa
en la vida cívica de nuestras comunidades, ni tampoco disfrutamos de un
acceso fácil a un medio ambiente seguro y de buena calidad. Los dos
están causalmente conectados. Como bien público, un medio ambiente
físico sano exige la participación pública informada y activa en la
toma de decisiones local para asegurar que el sector privado, el
gobierno e incluso los propios vecinos no socaven los beneficios
ambientales a largo plazo en su búsqueda de fines limitados a corto
plazo" [2, pág. 126].

El sociólogo Manuel Pastor, Jr., extrae las implicaciones de estas
ideas, como sigue:

Mientras muchas batallas de la justicia ambiental en el pasado han
estado concentradas en detener proyectos dañinos e injustos, los grupos
comunitarios de la base también pueden "ofrecer esperanzas para una
visión más positiva y armoniosa del bien social". Pastor ve por lo
menos dos beneficios principales de este enfoque más grande del
desarrollo comunitario:

(1) "...Exigir el derecho al aire y agua limpios puede ser el comienzo
de un movimiento comunitario para utilizar el capital natural al
servicio de la creación de riqueza basada en la comunidad [por ejemplo,
en granjas y jardines urbanos]".

(2) Una vez que una comunidad impone su derecho a un medio ambiente
limpio, hay un corto paso para imponer su derecho a otros "recursos
sociales" tales como escuelas, viviendas, espacios abiertos y empleos.

Pastor concluye que -sin disminuir de ninguna manera los logros del
movimiento de justicia ambiental al oponerse a la ubicación de peligros
tóxicos en las comunidades de color y pobres- el activismo de la
justicia ambiental puede llegar más allá, convirtiéndose en "una parte
importante del movimiento general de desarrollo comunitario" [6, págs.
1-3].

Sin duda William Shutkin estaría de acuerdo con Pastor en este punto.
En THE LAND THAT COULD BE, Shutkin describió una versión de este
enfoque más grande de desarrollo de la comunidad, el cual
llama "ambientalismo cívico", nuestro tema para la Parte 3.

--Peter Montague

=====

[1] Willett Kempton y otros, ENVIRONMENTAL VALUES IN AMERICAN CULTURE
(Cambridge: MIT Press, 1995; edición de bolsillo, 1996). ISBN
0262611236. Y vea las muchas encuestas de opinión reportadas en:
http://www.publicagenda.org/issues/- frontdoor.-cfm?
issue_type=environment.

[2] William A. Shutkin, THE LAND THAT COULD BE: ENVIRONMENTALISM AND
DEMOCRACY IN THE TWENTY-FIRST CENTURY (Cambridge, Mass.: The MIT Press,
2000; edición de bolsillo October, 2001). ISBN 0262692708.

[3] Luke W. Cole, "Empowerment as the Key to Environmental Protection:
The Need for Environmental Poverty Law". ECOLOGY LAW QUARTERLY Vol. 19
(1992), págs. 642-643.

[4] United Church of Christ Commission for Racial Justice. 1992.
PROCEEDINGS: THE FIRST NATIONAL PEOPLE OF COLOR ENVIRONMENTAL
LEADERSHIP SUMMIT. New York: United Church of Christ Commission for
Racial Justice. Los Principios de Justicia Ambiental (Principles of
Environmental Justice) están disponibles en:
http://www.ejrc.cau.edu/princej.html .

[5] UNEP [United Nations Environment Programme], "Living in a Pollution-
Free World A Basic Human Right" [nota de prensa No. 01/- 49] (Nairobi,
Kenya: United Nations Environment Programme, April 27, 2001).
Disponible en http://www.unep.org/Documents/Default.asp?
DocumentID=197&ArticleID=2819. Para más información, contacte a Jim
Sniffen, Information Officer, United Nations Environment Programme, en
Nueva York; teléfono (212) 963-8210. Agradecemos a Limour Alouf por
esta información.

[6] Manual Pastor, Jr., BUILDING SOCIAL CAPITAL TO PROTECT NATURAL
CAPITAL: THE QUEST FOR ENVIRONMENTAL JUSTICE [PERI Working Paper No.
DPE-01-02]. Amherst, Mass.: University of Massachusetts, Amherst,
Political Economy Research Institute, 2001.