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#697 - La Organización Sindical y la Libertad de Asociación, 17-May-2000

[Si las inmensas desigualdades en los ingresos y la riqueza producen
grandes problemas de salud pública (ver REHW #654) y una sociedad no
sustentable (REHW #629), entonces necesitamos una distribución más
equitativa de los beneficios disponibles. En la historia, los
sindicatos han desempeñado este papel; abogando de manera efectiva por
las leyes de salarios mínimos, la jornada laboral de 8 horas, las
vacaciones y días feriados pagados, el seguro de salud y los fondos de
retiro. Hoy en día, cuando un director ejecutivo típico gana en un día
lo que un trabajador típico gana en un año, encontramos -más que nunca-
que necesitamos que el movimiento sindical haga presión por una
distribución más justa de los beneficios. Este ensayo fue escrito
originalmente para el Partido de los Trabajadores (ver
www.igc.org/lpa/) --P.M.]

Por Peter Kellman*

Parte 1: El problema

La mala noticia es que desde 1979 el porcentaje de trabajadores
sindicalizados en los Estados Unidos ha bajado de 24% hasta 14%. La
buena noticia es que dada la opción de unirse a un sindicato o no, 48%
de los trabajadores de este país se unirían.

Debido a la exportación de empleos, la subcontratación y la
automatización, los empleos sindicalizados existentes se están
perdiendo con la misma rapidez con la que los miembros se unen a los
sindicatos. La estrategia tradicional para organizar a los
trabajadores -lugar de trabajo por lugar de trabajo- sí trae nuevos
miembros, pero la oposición del empleador todavía le niega la
representación sindical a la mayoría de los trabajadores.

Un caso que demuestra esto es la industria de la asistencia médica en
Massachusetts, que actualmente emplea a 400.000 trabajadores, 10% de
los cuales son miembros del sindicato. Los sindicatos invirtieron una
cantidad aceptable de recursos financieros y humanos para organizar a
los trabajadores de la asistencia médica y a través del proceso de
certificación gremial organizó a 819 miembros nuevos en 1997. A este
paso, tomaría 434 años para organizar la industria si el número de
empleados permanece en 400.000, pero se proyecta que la industria tenga
otros 250.000 empleados más en los próximos 45 años.

Podemos ver cuál es el problema. Tenemos que cambiar algo. En Suecia,
por ejemplo, 83% de la población activa está representada por los
sindicatos y por ley se les impide a los empleadores que interfieran en
la formación de los mismos. A diferencia de los trabajadores en los
E.U.A., los trabajadores suecos tienen EL DERECHO A ASOCIARSE Y
NEGOCIAR COLECTIVAMENTE. En Suecia, Japón, Francia, Alemania y la
mayoría de los países con los que los directores corporativos de los
E.U.A. dicen que competimos, el DERECHO A ASOCIARSE Y NEGOCIAR
COLECTIVAMENTE es un derecho humano básico reconocido por las Naciones
Unidas y establecido en el Artículo 20 de la Declaración de Derechos
Humanos de 1948: Todos tienen derecho a reunirse pacíficamente y a
formar asociaciones. Este derecho está explicado en la Convención
Internacional para la Organización Laboral #87 de la ONU -Libertad de
asociación y derecho a organizarse, la cual establece el derecho de
todos los trabajadores a formar y unirse a organizaciones que ellos
mismos escojan sin necesidad de autorización previa. Aunque 118 países
han ratificado la Convención #87, el Senado de los E.U.A. se ha
rehusado rotundamente a hacerlo durante los pasados 51 años.

La libertad de expresión más la libertad de reunión es igual a la
libertad de asociación. Esto funciona así: un grupo de personas quieren
formar una corporación. Ellos se reúnen (libertad de reunión) y
discuten (libertad de expresión) sus opciones y deciden que quieren ser
reconocidas como corporación. Entonces envían un representante a su
capital estatal e introducen algunos papeles. Eso es todo. Su
corporación es reconocida por el resto de la sociedad. No se firman
tarjetas; no se hace ninguna campaña, nadie es despedido y no hay una
elección. Es tan sólo el reconocimiento. En este país, formar una
corporación es una actividad protegida. Es un derecho. Hacer que una
corporación reconozca un sindicato no es un derecho; formar un
sindicato no es una actividad protegida. SI LO FUESE, 48% DE LA
POBLACION ACTIVA SERIA MIEMBRO DE UN SINDICATO EN UN SANTIAMÉN.

En este país durante una campaña sindical, la compañía colocará afiches
antisindicales y tendrá reuniones de asistencia obligatoria. Pero el
sindicato no puede colocar afiches porque no es dueño de las paredes.
El sindicato no puede traer un representante al lugar de trabajo para
que hable con los trabajadores del sector privado debido a que el
sindicato no es dueño del edificio.

En este país tenemos libertad de expresión y reunión en la propiedad
pública. En la propiedad privada, los dueños de la propiedad determinan
quién puede hablar y reunirse. Cuando entran a su lugar de trabajo, los
trabajadores les entregan a sus empleadores su derecho a la libertad de
expresión.

Si queremos asociarnos, organizarnos, ejercer poder, tenemos que
cambiar algunas relaciones fundamentales en nuestra sociedad.

Pero primero tenemos que entender de qué manera se determinaron las
relaciones fundamentales que ahora gobiernan nuestras vidas. TENEMOS
QUE CONOCER NUESTRA PROPIA HISTORIA.

"Se dio cuenta... que la historia no era una página de un libro, sino
algo que queda en la memoria y en la sangre" [1].

Parte 2: Conociendo nuestra historia

Imagine una iglesia sin la Biblia, una sinagoga sin la Tora, una
mezquita sin el Corán o los Iroquois sin su historia de la creación.
Son las enseñanzas de las historias de estos grandes libros y
tradiciones orales las que mantienen unidas a las congregaciones y
tribus. La sabiduría adquirida a lo largo del tiempo es pasada a las
siguientes generaciones a través de las historias del pasado. Estas
historias nos guían hacia el futuro: ellas nos dan nuestros valores,
nuestra dirección y nuestra fuerza. Sin ellas estaríamos desarraigados,
no tendríamos dirección y sólo viviríamos en el presente desinformado.

Lo mismo se aplica a los sindicatos. Necesitamos un marco para ver
nuestra historia y conectar los muchos episodios de nuestras grandes
luchas. Tenemos que aprender de nuestras victorias y errores pasados.
Tenemos que tomar lo mejor del pasado y usarlo para ayudar a construir
nuestro futuro. Si no, viviremos por siempre en el presente y
cometeremos los mismos errores una y otra vez.

En los círculos gremiales frecuentemente se dice que nunca aumentaremos
nuestro número hasta que tengamos mejores leyes. El hecho es que
durante la mayor parte de nuestra historia las leyes en pro de los
trabajadores han sido la excepción. La mayoría de las leyes
relacionadas con los trabajadores han sido leyes antiobreras,
antisindicales. No fue sino hasta 1937 que la Ley Nacional de
Relaciones Sindicales (National Labor Relations Act) fue declarada
constitucional y hoy en día esa ley es más útil para el empleador de lo
que lo es para nosotros. Pero eso no es nada nuevo. La ley favoreció a
los ricos en las 13 colonias estadounidenses y continúa haciéndolo en
el país que nuestra gente creó.

George Washington no se convirtió en el hombre más poderoso y en uno de
los hombres más ricos en los Estados Unidos en 1776 inspeccionando
terrenos de casas [2]. Es cierto que Washington hizo algunas
inspecciones para la Ohio Company, una compañía de la que era uno de
los principales accionistas. Washington y otros miembros de la clase de
los hacendados y comerciantes en la Virginia colonial donde éste creció
tenían un plan para explotar la mano de obra y volverse incluso más
ricos y más poderosos. El plan tenía dos partes. Primero tenían
esclavos para trabajar en sus plantaciones de tabaco y después crearon
la Ohio Company. La Ohio Company fue fundada en 1748 por Lawrence
Washington, hermano mayor de George, y recibió del Rey de Inglaterra
una subvención de 200.000 acres de tierra al oeste de la colonia de
Virginia. Más tarde, Dinwiddie, el Gobernador Real de Virginia, también
uno de los principales accionistas de la Ohio Company, "solicitó a las
autoridades británicas en Londres que ofrecieran pasajes de barco a
sirvientes obligados que trabajarían limpiando y mejorando los caminos
y haciendas y construyendo establecimientos comerciales para la
compañía durante siete años, a cambio del derecho a permanecer en las
tierras como arrendatarios" [3]. Un plan bastante bueno. El Rey le
concede a la compañía la tierra y luego proporciona trabajadores no
remunerados para que construyan los caminos y tener acceso a la tierra
y a los fuertes para defenderla. Entonces, si los trabajadores
sobrevivían sus siete años de servicios, y muchos no lo lograban,
tenían el privilegio de arrendar tierra de la Ohio Company.

Pero no era sólo Washington quien estaba involucrado en esta clase de
plan. La Ohio Company competía con la Loyal Land Company de Virginia,
en parte propiedad del padre de Thomas Jefferson y con la Vandalia
Company, en parte propiedad de Benjamín Franklin. Sabemos mucho acerca
de Washington, Jefferson y Franklin, pero ¿quiénes fueron esos esclavos
y sirvientes obligados? ¿Cuál fue su historia?

Para nuestro propósito, la historia de los sirvientes obligados
comienza en 1500, cuando un tercio de la tierra en Inglaterra, Francia
y Alemania era propiedad de la Iglesia Católica. Mucha de esta tierra
estaba ocupada por agricultores de subsistencia. Con la Reforma
Protestante de la Iglesia en 1517, las tierras de la Iglesia fueron
tomadas por los nobles o vendidas a especuladores, quienes expulsaron a
los arrendatarios. Entonces, en los años 1600 y 1700 las "tierras
comunes" que habían estado a la disposición de los pobres en Europa
fueron cercadas y la gente que vivía en ellas fue expulsada. Por
último, en los años 1800, en un proceso conocido como "limpieza de las
propiedades", los agricultores fueron expulsados de las tierras que
arrendaban para hacer lugar a las ovejas que proporcionaban lana para
la creciente industria textil.

A medida que sucedían estos eventos, se aprobaron leyes que exigían que
las personas que no tuvieran un lugar donde vivir o trabajar fuesen
marcadas, castigadas, encerradas o vendidas como esclavas. Esto originó
una gran reserva humana con un incentivo para dejar Europa y proveer de
mano de obra barata a Norteamérica.

Mientras tanto en Africa, mercaderes ricos de Europa organizaron un
comercio internacional de esclavos, comprando esclavos de príncipes del
Occidente de Africa cuyos soldados tenían armas europeas. El comercio
de esclavos africanos duró tres siglos y "cuando se acabó, diez a doce
millones de africanos habían sido transportados al Nuevo Mundo" [4].

Los sirvientes obligados de Europa y los esclavos de Africa, personas
cuyas vidas eran compradas y vendidas por contrato, les proporcionaron
a los padres fundadores de nuestra nación, hombres como George
Washington, Thomas Jefferson, James Madison y Benjamin Franklin, la
mano de obra para explotar los recursos naturales de Norteamérica.
Aproximadamente la mitad de los inmigrantes de la Norteamérica de la
colonia fueron sirvientes obligados. En el momento de la guerra de
Independencia, tres de cada cuatro personas en Pennsylvania, Maryland y
Virginia eran o habían sido sirvientes obligados. Y para ese momento,
aproximadamente 20 por ciento de la población colonial era esclava [5].
Los esclavos de Africa y los sirvientes obligados de Europa vivían con
las mismas leyes de fuga de los esclavos y sus hijos eran propiedad de
sus amos. Estas personas eran propiedades que podían comprarse y
venderse -propiedades protegidas por la ley colonial y después por la
Constitución de los Estados Unidos.

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CUARENTA CHELINES DE RECOMPENSA. por atrapar a Mary Brown, una
sirviente obligada nacida en Pennsylvania, quien escapó del servicio de
su amo hace unos días: es una mujer medianamente bien parecida, con
tendencia a la torpeza, muchas marcas de varicela, lo que le da un
aspecto desagradable y frío, le faltan varios dientes, sin embargo
habla buen inglés y holandés, de unos 26 ó 28 años de edad, quizás
30... --James Crofton, Albany (anuncio en el diario en 1761, Albany NY)
[4, pág. 105]

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Para muchos en los E.U.A. las imágenes de la época colonial están
dominadas por las escenas de Acción de Gracias, Pocahontas, el Capitán
John Smith y el pueblo buscando la libertad de culto. Estas imágenes
esconden el siguiente plan colonial: los aventureros
europeos "descubrieron América" y comenzaron a exterminar a la
población indígena. Les siguieron los especuladores europeos, quienes
extrajeron ganancias de la nueva tierra principalmente mediante la mano
de obra de los esclavos africanos y de los sirvientes obligados
europeos. Pero los norteamericanos que hicieron grandes fortunas sobre
las espaldas de los esclavos y los sirvientes obligados no estaban
contentos compartiendo sus riquezas con el Rey inglés, llevándonos a la
Revolución de los Estados Unidos. [Continuará la próxima semana].

=====

*Peter Kellman es un activista sindical, miembro del Gremio Nacional de
Escritores (National Writers Union) y el Partido de los Trabajadores.
Kellman trabaja para el Programa sobre Corporaciones, Leyes y
Democracia (Program on Corporations, Law and Democracy, POCLAD) un
pequeño grupo de activistas que investigan la historia de la democracia
y el poder corporativo. Para obtener información sobre el trabajo del
POCLAD contáctelos por correo electrónico a: people@poclad.org; o por
la red: www.poclad.org; teléfono: (508)-398-1145; dirección postal:
P.O. Box 246, So. Yarmouth, MA 02664-0246.

[1] Zeese Papanikolas, BURIED UNSUNG -- LOUIS TIKAS AND THE LUDLOW
MASSACRE (University of Nebraska Press, 1991), pág. 259.

[2] Charles A. Beard, AN ECONOMIC INTEPRETATION OF THE CONSTITUTION OF
THE UNITED STATES (N.Y.: Free Press, 1986), pág. 144.

[3] Willard Randall, GEORGE WASHINGTON -- A LIFE (N.Y.: Henry Holt,
1997), pág. 68.

[4] Bruce Levine y otros, WHO BUILT AMERICA, VOL. I (N.Y.: Pantheon
Books, 1989), pág. 25.

[5] Jerry Fresia, TOWARD AN AMERICAN REVOLUTION (Boston: South End
Press, 1988), pág. 26.

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