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  • In August 2002, the Los Angeles Unified School District (LAUSD) Board voted to ban soft drinks from all of the district’s schools

#654 - Riqueza y Salud, 09-Jun-1999

El movimiento ambientalista está perdiendo la oportunidad con respecto
al asunto más importante de salud pública de nuestro tiempo. Treinta
años de investigaciones científicas han demostrado que el mejor
pronosticador de las enfermedades humanas es la desigualdad económica;
pero el movimiento ambientalista, en su mayor parte, no está prestando
atención a los asuntos económicos. Por supuesto que algunos
ambientalistas tradicionales protectores de los bosques nunca han
invertido mucho tiempo en preocuparse por la salud humana para nada.
Pero incluso el movimiento de justicia ambiental --que indudablemente
se preocupa por la gente-- todavía no está totalmente enfocado en la
creciente brecha entre ricos y pobres como el principal pronosticador
de las enfermedades humanas. La mayoría de los ambientalistas continúan
viendo los empleos y la economía como territorio extranjero, así que la
mayoría de los ambientalistas están enfocados en otra cosa que no es el
principal problema de salud pública de nuestro tiempo: la creciente
desigualdad de ingresos, riqueza y estatus.

Como lo reportó el diario NEW YORK TIMES en su sección semanal de
ciencias del 01 de junio (y como reportamos en los ejemplares de REHW
#497 y #584),

"Los científicos han sabido por décadas que la pobreza se traduce en
mayores tasas de enfermedades y mortalidad. Pero una gran cantidad de
investigaciones está demostrando que la clase social --medida no sólo
por el ingreso sino también por la educación y otros marcadores de
estatus relativo-- es uno de los mejores pronosticadores de la salud;
mejor que la genética, la exposición a carcinógenos e incluso que el
hábito de fumar.

"Lo que importa no es simplemente si una persona es rica o pobre, si
tiene educación universitaria o no. Mejor dicho, para una amplia
variedad de enfermedades, incluyendo las enfermedades cardiovasculares,
la diabetes, la artritis, la mortalidad infantil, muchas enfermedades
infecciosas y algunos tipos de cáncer, el riesgo varía con la riqueza o
pobreza RELATIVA: mientras más alto el peldaño en la escalera
socioeconómica, menor el riesgo. [Énfasis en el original]" [1].

El nivel de bienestar absoluto no importa tanto como el nivel relativo.
Incluso entre los acaudalados, son más saludables aquellos que se
encuentran más arriba en la escala social. Como lo puso el diario NEW
YORK TIMES; investigaciones actuales muestran que un ejecutivo de
mediano nivel en una vivienda de tres habitaciones en Scarsdale, N.Y.
es más vulnerable a las enfermedades que su jefe que vive en una
vivienda de 5 habitaciones unas cuantas cuadras más allá.

Todavía nadie está seguro de cómo interactúan los componentes de este
problema. El poder controlar nuestra propia vida es una parte clave de
ello. La tensión es otra. La exclusión social y la segregación
residencial --especialmente por la raza, pero también por la clase--
tienen impactos negativos importantes. El sentido de la oportunidad, la
dignidad, la autoestima, el respeto de los demás --todo esto es
importante para la salud. La cohesión social --el sentido de vecindad--
también juega un papel: las personas viven más tiempo en los sitios
donde creen que pueden confiar en sus vecinos.

Como dice la economista Juliet Schor, de Harvard: "Las razones pueden
resultar no ser tan complicadas. Los seres humanos son sociales.
Nosotros juzgamos mucho nuestras propias situaciones en comparación a
las de aquellos que nos rodean. No es de sorprender que las personas
experimenten menos tensión, más tranquilidad y se sientan más felices
en un ambiente con más cohesión social y más igualdad" [2, pág. 4].

Si el puesto relativo en la comunidad es lo más importante para
proteger la salud pública, entonces el mundo moderno ha ido en la
dirección equivocada por al menos 20 años. La desigualdad ha ido
aumentando por 20 años, y no por accidente. La mayoría de los hogares
en los E.U.A. tienen un valor neto menor del que tenían en 1983, y los
pocos ricos son mucho más ricos de lo que eran en 1983. Entre 1983 y
1995, el valor neto ajustado a la inflación del 1% de los
estadounidenses más ricos creció en un 17%, mientras que el 40% de los
hogares más pobres perdió un 80% [2, pág. 5]. En otras palabras, la
brecha entre los ricos y el resto de nosotros se ha ampliado. Es esta
creciente brecha lo que hace que aparezcan las enfermedades, como
muestran las investigaciones.

Este problema no está restringido a los E.U.A., aunque los E.U.A.
sufren de una mayor desigualdad que ninguna otra nación
industrializada. El REPORTE DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL DESARROLLO
HUMANO DE 1998 (United Nations HUMAN DEVELOPMENT REPORT 1998) señala
que en 100 países, los ingresos actuales son menores en términos reales
de lo que eran una década atrás [3]. Y en muchos de esos países, la
desigualdad ha crecido a la vez que pequeñas élites se han vuelto
inmensamente ricas. El REPORTE SOBRE EL DESARROLLO HUMANO no lo dice,
pero estos son algunos de los frutos de las políticas
de "liberalización" económica y los acuerdos de "libre comercio".

Dentro de los E.U.A., la creciente brecha entre ricos y pobres no ha
ocurrido por accidente. Es el resultado de políticas públicas y
prácticas corporativas privadas destinadas a beneficiar a aquellos que
poseen activos, a expensas de aquellos que devengan salarios [2, pág.
61]. He aquí una lista corta (e incompleta):

** La reducción de salarios. A pesar de algún crecimiento en los
salarios en 1996 y 1997, en 1998 los trabajadores por hora aún ganaban
un 6,2% menos por hora (ajustados a la inflación) de lo que ganaron en
1973 cuando Richard Nixon era Presidente [2, pág. 27].

** El salario mínimo se ha convertido en un salario de pobreza. A 5,15
dólares la hora, con el salario mínimo de hoy se compra un 19% menos de
lo que se compraba en 1979, cuando tenía un valor de 6,39 dólares la
hora, ajustados a la inflación [2, pág. 27].

** El ingreso mediano de las familias jóvenes con niños fue un 33%
menor en 1994 de lo que fue en 1973 [2, pág. 30].

** El trabajador promedio laboró 148 horas más en 1996 (1868 horas) que
en 1973 (1720 horas). Eso es equivalente a casi 4 semanas adicionales
de trabajo cada año para llegar a fin de mes.

** Con un salario semanal mediano de 659 dólares, los empleos
sindicalizados pagan mucho mejor que los no sindicalizados (con una
mediana de 499 dólares). Pero los empleos sindicalizados han ido
destruyéndose por las reducciones de personal, las políticas de libre
comercio y los ataques contra los sindicatos. Como lo resumió la
revista BUSINESS WEEK en 1994: "En realidad, durante la última docena
de años, la industria de los E.U.A. ha llevado a cabo una de las más
exitosas guerras antisindicales jamás vista, despidiendo ilegalmente a
miles de trabajadores por ejercer su derecho a organizarse" [2, pág.
32]. Menos de un 14% de los trabajadores ahora son miembros de los
sindicatos, en comparación a un 35% en 1955.

** Durante 20 años las compañías han estado reteniendo los salarios de
los trabajadores y transfiriendo esa riqueza a los ejecutivos. Según la
encuesta anual de la revista BUSINESS WEEK en 1980, el director
ejecutivo promedio ganaba 42 veces más que un obrero de una fábrica [2,
pág. 32]. Para 1997, el director ejecutivo promedio estaba ganando 326
veces más que un obrero de una fábrica.

** Las pensiones están desapareciendo lentamente y la calidad de los
programas de pensiones está disminuyendo rápidamente. Sólo un 47% de
los trabajadores están cubiertos por planes de pensión (en comparación
con un 51% en 1979). Más aún, ha habido un desplazamiento desde las
pensiones de "beneficios definidos" hacia los planes de "contribución
definida". En los planes de antes, un trabajador recibía una pensión de
por vida de una cierta cantidad basada en los años trabajados y los
salarios devengados. El plan nuevo toma un trozo del cheque del salario
del trabajador (que puede o no ser complementado por una contribución
del empleador) y lo invierte. Si la inversión marcha bien, el
trabajador tiene dinero para su retiro; si no, mala suerte. Los planes
de contribución definida representaron un 42% de todos los planes de
pensión en 1997, en comparación con un 13% en 1975. Además de esto,
sólo un 16% de los trabajadores con bajos salarios están cubiertos por
pensiones, frente a un 73% de los trabajadores en los cinco peldaños de
salarios más altos, de manera que las mismas pensiones contribuyen a la
desigualdad.

** El gobierno federal subsidia la compra de viviendas mediante una
deducción de los impuestos por los intereses pagados sobre las
hipotecas por primeras y segundas viviendas habitadas por el
propietario. Desafortunadamente, esto viene a ser un subsidio para los
adinerados: mientras más tiene para gastar, más lo subsidia su
gobierno. Los subsidios impositivos para los propietarios prósperos han
permanecido iguales por 20 años, mientras que los fondos federales para
las viviendas de bajos ingresos han sido recortados en un 80% [2, pág.
38].

** Los ahorros son una cosa del pasado. La tasa de ahorros personales
en los E.U.A. ha caído desde un 8,6% en 1984 a un 2,1% en 1997 y a un
0,5% en 1998. La gente está gastando una mayor porción de sus ingresos
en asistencia médica, cuidado de los niños, vivienda y matrícula
universitaria. Incluso el costo de ahorrar ha aumentado, ya que los
bancos aumentaron considerablemente sus tarifas por servicios;
especialmente en las cuentas pequeñas que no tienen las cantidades
mínimas necesarias para evitar estas tarifas.

** La Conferencia de Alcaldes de los E.U.A. (U.S. Conference of Mayors)
reporta que las peticiones para emergencia de alimentos aumentaron en
un promedio de un 14% durante el lapso de 1997-1998. Una de cada cinco
peticiones para ayuda alimentaria se quedó sin ser atendida. La revista
AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC HEALTH reportó en 1998 que 10 millones de
estadounidenses --incluyendo más de cuatro millones de niños-- no
tienen suficiente que comer [4]; siendo la mayoría miembros de familias
con al menos un miembro que trabaja.

** Todos los miembros del Congreso disfrutan de asistencia médica
financiada públicamente, pero ellos se niegan a extender estos mismos
beneficios a sus electores. Y el sector privado se está alejando: en
1985 casi dos tercios de todas las empresas con 100 o más empleados
pagaron los costos completos de la cobertura de la asistencia médica.
Hoy en día menos de un tercio lo sigue haciendo [2, pág. 43].

** Cada vez más, una educación universitaria es la clave de los
salarios decentes, pero desde 1989 las matrículas e inscripciones han
aumentado un 94% --tres veces más rápido que la inflación [2, pág. 47].

** El racismo es un factor clave en la desigualdad de ingresos. Para
los afroamericanos es difícil encontrar un trabajo y cuando lo hacen,
les pagan menos que a los caucásicos por el mismo desempeño. El diario
NEW YORK TIMES dijo el 23 de mayo: "Floreciente mercado de trabajo
incorpora a la juventud afroamericana" reportando que la "floreciente"
economía ha creado una mayor demanda de trabajadores, con el resultado
de que los afroamericanos obtienen buenos empleos. Pero muy adentro en
el artículo, usted se entera de que el desempleo entre los jóvenes
afroamericanos ha caído desde un máximo de 20% en los años 80 hasta un
17% hoy en día --aún el doble que entre los jóvenes caucásicos [5].

** La brecha en el ingreso entre afroamericanos y caucásicos también se
encuentra reflejada en una seria "brecha de riqueza". En 1995, el hogar
afroamericano mediano tenía un valor neto de 7.400 dólares --
aproximadamente un 12% de la riqueza mediana de los hogares caucásicos
(61.000 dólares). La riqueza financiera afroamericana mediana (el valor
neto menos el valor de la vivienda) era sólo de 200 dólares --un mero
1% de los 18.000 dólares de la riqueza financiera mediana de los
caucásicos.

Los hogares hispanos tienen incluso menos que los afroamericanos. El
hogar hispano mediano tenía un valor neto de 5.000 dólares en 1995,
sólo un 8% del valor neto mediano de los hogares caucásicos. La riqueza
financiera mediana de los hispanos en 1995 fue cero.

** La discriminación en la vivienda explica una gran parte de esta
desigualdad. Según un reporte de 1991 sobre auditorías de viviendas en
25 ciudades de los E.U.A., publicado por el Departamento de Vivienda y
Desarrollo Urbano (Department of Housing and Urban Development), los
afroamericanos encontraron discriminación más de la mitad de las veces
[2, pág. 56].

En los últimos 5 años se han publicado 193 estudios sobre varios
aspectos del estatus socioeconómico y la salud, según el NEW YORK TIMES
[1]. El Instituto Nacional de la Salud (National Institutes of Health)
declaró el año pasado que una de sus prioridades principales es la
relación entre el estatus social, la raza y la salud. La Fundación John
T. y Catherine D. MacArthur ha establecido una Red del Estatus
Socioeconómico y la Salud (Network on Socioeconomic Status and Health).

Pero para la mayoría de los ambientalistas, la idea de presionar por
una economía de salarios altos, de "carretera" --para contrarrestar
el "sendero bajo", que se precipita hacia los empleos de medio tiempo y
los salarios bajos sin beneficios-- sigue pareciendo una teoría sacada
de otro planeta. (Ver REHW #618, #619 y #620).

Por suerte una coalición (llamada Sustainable America) se ha formado
para abogar por todas las piezas que ahora sabemos que necesitamos: una
economía de salarios altos, la producción limpia de bienes y servicios
necesarios, y una democracia en la que la gente pueda participar en las
decisiones que afectan sus vidas. Resumiendo, Sustainable America está
asumiendo el compromiso [6]. Era tiempo de que alguien lo hiciera.

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Erica Goode, "For Good Health, It Helps to be Rich and Important,"
NEW YORK TIMES June 1, 1999, págs. D1, D9.

[2] Chuck Collins, Betsy Leondar-Wright y Holly Sklar, SHIFTING
FORTUNES; THE PERILS OF THE GROWING WEALTH GAP (Boston, Mass.: United
for a Fair Economy, 1999). Disponible a través de: United for a Fair
Economy, 37 Temple Place, Boston, MA 02111. O también: www.stw.org. Muy
recomendable.

[3] HUMAN DEVELOPMENT REPORT 1998 (New York: Oxford University Press,
1998). Ver http://www.undp.org/hdro.

[4] Katherine Alaimo y otros, "Food Insufficiency Exists in the United
States: Results from the Third National Health and Nutrition
Examination Survey (NHANES III)," AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC HEALTH
Vol. 88, No. 3 (March 1998), págs. 419-426.

[5] Sylvia Nasar y Kirsten B. Mitchell, "Booming Job Market Draws Young
Black Men Into Fold," NEW YORK TIMES May 23, 1999, pág. A1.

[6] Ver www.sanetwork.org.

Palabras claves: economía; riqueza y salud; raza; racismo; desigualdad;