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#585 - ¿Un Nuevo Mecanismo de Enfermedades?, 11-Feb-1998

La sensibilidad química múltiple (MCS, por sus siglas en inglés) es una
enfermedad, o una familia de enfermedades, que tiene consecuencias
reales para decenas de millones de estadounidenses.

En varias encuestas grandes, un 15% a 30% de los estadounidenses (unas
37 a 75 millones de personas) reportan que son excepcionalmente
sensibles o alérgicas a ciertos químicos comunes tales como
detergentes, perfumes, solventes, pesticidas, fármacos, alimentos, o
hasta al olor de la ropa de la tintorería. Aproximadamente un 5% de los
estadounidenses (unas 13 millones de personas) han sido diagnosticados
por un médico como especialmente sensibles. Muchas de estas personas
reaccionan de una manera tan fuerte que pueden resultar incapacitadas
por exposiciones muy bajas a sustancias comunes [1, págs. 232-233].
Entre los síntomas típicos se incluyen la fatiga prolongada, los
problemas de memoria, los mareos, los problemas de concentración, la
depresión, el sentirse aturdido, la pérdida de la motivación, el
sentirse tenso o nervioso, la falta de aliento, la irritabilidad, los
dolores musculares, los dolores en las articulaciones, los dolores de
cabeza, la presión o congestión en la cabeza, los dolores de pecho, la
dificultad para enfocar la mirada, las nauseas y demás. Este grupo de
síntomas se conoce como enfermedad ambiental, o más comúnmente, como
sensibilidad química múltiple (MCS, por sus siglas en inglés), lo que
significa "sensibilidad a muchos químicos".

La MCS ha sido reconocida por sus síntomas por 50 años porque quienes
sufrían de MCS en muchas áreas geográficas, así como los investigadores
que los estudiaban y los doctores que los trataban, han reportado una
imagen sorprendentemente consistente de la enfermedad. Sin embargo,
debido a que quienes sufren de MCS reaccionan a los químicos a niveles
que son cientos o miles de veces más bajos que las exposiciones
ocupacionales permisibles, la toxicología tradicional establece que sus
síntomas no pueden ser causados por las exposiciones químicas. La MCS
tampoco es una alergia verdadera porque no hay reacciones involucradas
que sean mediadas por IgE, así que los alergólogos no saben cómo
clasificarla.

Resumiendo, debido a que la MCS no se ajusta a ninguna de las tres
clases de enfermedades aceptadas actualmente --infecciosas, del sistema
inmunológico o cáncer-- la medicina tradicional no ha sabido cómo
explicar la MCS, y de esta manera, la ha catalogado frecuentemente
como "psicogénica" --que se origina en la mente del paciente. Esto ha
dejado en el limbo a quienes sufren de MCS. Al decirles que están
locos, o que se están imaginando su enfermedad, o inventándola, estos
se encuentran transferidos de médico a médico sin ninguna respuesta
satisfactoria y frecuentemente sin alivio de su verdadera aflicción.
(Algunos de los que sufren de MCS sí tienen síntomas psicológicos, pero
eso no significa necesariamente que su enfermedad se ORIGINE en su
mente). Un 40% de quienes sufren de MCS reportan haber visto a más de
10 profesionales de la medicina.

La MCS llamó forzosamente la atención de la corriente dominante de la
ciencia y la medicina en 1987, cuando la Agencia de Protección
Ambiental de los EUA (Environmental Protection Agency, U.S. EPA) puso
27.000 yardas cuadradas de alfombras nuevas, pintó y remodeló sus
oficinas centrales de Waterside Mall en Washington, D.C. Unos 200
empleados de la agencia desarrollaron síntomas asociados con
el "síndrome del edificio enfermo" [1, págs. 174, 76-77] --y más tarde,
varias docenas de empleados de la EPA reportaron estar desarrollando
MCS. El Consejo Nacional de Investigaciones (National Research Council)
aceptó ahora que el "síndrome del edificio enfermo" es un fenómeno real
que produce síntomas parecidos a los de la MCS.

Más recientemente, la MCS ha salido en las noticias porque hay dos
nuevas y grandes poblaciones de personas que exhiben algunos o todos
los síntomas de la MCS: los veteranos de la guerra del Golfo Pérsico y
las mujeres con implantes de silicona en los senos.

Desde 1990 se ha progresado en la definición y la comprensión de la
MCS, aunque sigue habiendo un largo camino por recorrer. Sin embargo,
se han hecho progresos reales. Un nuevo libro --una segunda edición
actualizada de CHEMICAL EXPOSURES; LOW LEVELS AND HIGH STAKES, por
Nicholas A. Ashford y Claudia S. Miller [1]-- ofrece una descripción
lúcida y reflexiva acerca de la ciencia y la medicina actuales de la
MCS; sugiere una hipótesis (que podría ser probada) acerca de los
orígenes de la(s) enfermedad(es), y ofrece esperanzas verdaderas para
quienes la sufren de que, algún día, sus enfermedades serán entendidas
y tratadas, y posiblemente hasta prevenidas.

Lo que está en juego es enorme, y la industria química lo sabe. Si de
las investigaciones sobre la MCS surge una enfermedad claramente
definida, con causas químicas que se entienden, entonces no pasarán
demasiadas décadas antes de que las corporaciones químicas tengan que
enfrentar la responsabilidad y los reclamos de compensación de millones
de víctimas perjudicadas por sus productos. ¿Quién sabe adónde llevará
esto en la relación entre las corporaciones y un público enojado?

Al igual que las compañías de tabaco antes que ellas, las corporaciones
químicas están empeñadas en poner en duda las investigaciones médicas
serias llevadas a cabo actualmente para descubrir las causas y los
mecanismos fisiológicos de la MCS. Las corporaciones químicas han
calificado tales investigaciones como "ciencia chatarra" y han
financiado una nueva rama de investigación por su cuenta (¿inspirada en
el Instituto de Investigaciones del Tabaco [Tobacco Research
Institute]?), llamada el Instituto de Investigaciones de Sensibilidades
Ambientales (Environmental Sensitivities Research Institute, ESRI).
DowElanco, Monsanto, Procter and Gamble, la Asociación de Cosméticos,
Artículos de Tocador y Fragancias (Cosmetic Toiletries and Fragrances
Association) y otras compañías y asociaciones comerciales que se
dedican a la producción de fármacos, pesticidas y otros químicos, pagan
10.000 dólares al año, cada una, para mantener al ESRI funcionando. El
director del ESRI es el Dr. Ronald Gots, quien también dirige algo
llamado Grupo Asesor Médico Nacional (National Medical Advisory Group),
el cual proporciona testigos expertos para defender a las corporaciones
químicas en demandas de compensación. El Dr. Gots no ha publicado
ninguna investigación original sobre la MCS que haya sido revisada por
expertos, sin embargo él y el ESRI se especializan en afirmar que la
MCS es un desorden mental. El Dr. Gots dice: "Todo lo que se sabe
acerca de la MCS hasta la fecha sugiere fuertemente que hay
explicaciones de comportamiento y psicogénicas para los síntomas" [1,
pág. 280]. En otras palabras, si usted exhibe algunos o todos los
síntomas de la MCS usted probablemente está loco, y si su médico piensa
otra cosa, probablemente sea un charlatán. Una afirmación como ésa
tiene un aguante especialmente fuerte porque no puede ponerse a prueba
científicamente. Mientras haya alguien cerca para aseverar su validez,
una afirmación como ésa seguirá rodeando las investigaciones de la MCS
con un aura de controversia --y los tópicos controversiales tienen
dificultades para atraer financiamientos de la corriente dominante.

He aquí un típico "editorial publicitario" por ESRI, del número de
febrero de 1996 de la revista THE MERCHANDISER (de Spring Grove,
Pennsylvania):

"Sensibilidades Químicas Múltiples: ¿miedo al riesgo o realidad de la
vida?

"Los científicos están cada vez más preocupados de que un dudoso nuevo
diagnóstico --supuestamente causado por todas las cosas 'hechas por el
hombre' en el ambiente-- esté abatiendo innecesariamente a miles de
estadounidenses cada año. Una de estas así llamadas 'enfermedades
modernas' se llama MCS, por Sensibilidades Químicas Múltiples. Muchos
científicos y médicos de renombre dudan que la MCS exista realmente;
existe sólo porque un paciente cree que existe y porque un médico le da
validez a esa creencia. Para más información sobre la MCS, escriba a:
Environmental Sensitivities Research Institute, 6001 Montrose Road,
Suite 400, North Bethesda, MD 20852".

Los autores del nuevo libro sobre la MCS están altamente calificados.
Nicholas Ashford es profesor de tecnología y ciencias políticas en el
Instituto de Tecnología de Massachusetts (Massachusetts Institute of
Technology, MIT) con títulos avanzados en química y derecho. Claudia
Miller es doctora en medicina con una maestría en salud ambiental; da
clases en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas
en San Antonio. Su reporte de 1989 sobre la MCS, financiado por el por
Departamento de Salud de New Jersey, ganó el prestigioso premio Macedo
de la Asociación Estadounidense para la Salud Mundial (American
Association for World Health). Es placentero leer el nuevo libro de
Ashford y Miller. Es claro, reflexivo, inteligente y está
cuidadosamente escrito. Hace una contribución importante a nuestro
entendimiento de la sensibilidad química.

Revisando varios cientos de estudios --no todos ellos de buena calidad--
Ashford y Miller describen los temas comunes que surgen de los buenos
estudios: la MCS parece ser una enfermedad (o una familia de
enfermedades) que se produce en dos etapas. La MCS es "iniciada" por
una alta exposición (por ejemplo, un incendio o un derrame químicos) o
por la exposición moderada repetida a pesticidas o solventes o algunos
otros químico(s) fuertes, como aquellos encontrados en vertederos de
desechos químicos o los usados en la remodelación de hogares u
oficinas, incluyendo el alfombrado nuevo. Después de la
exposición "iniciadora", los síntomas son entonces "disparados" por una
exposición extremadamente baja a muchos químicos diferentes, como los
que están en las fragancias o en el humo del tabaco, en los fármacos o
en los alimentos. No todo el que está expuesto a químicos se enferma de
MCS, de la misma manera en que no todo el que es picado por una abeja
sufre un shock anafiláctico. Una cierta parte de la población parece
predispuesta a reaccionar fuertemente a los químicos después de un
evento iniciador.

Los mecanismos de la MCS no se entienden, pero evidencias recientes
sugieren que el sistema nervioso (o quizás los sistemas nervioso e
inmunológico juntos) resultan sensibilizados, de alguna manera, por una
exposición iniciadora. A partir de entonces, las exposiciones bajas a
químicos comunes provocan importantes síntomas totalmente
desproporcionados frente al tamaño del estímulo.

Ashford y Miller sugieren que MCS realmente no es el mejor nombre para
esta enfermedad o familia de enfermedades porque no refleja la
importancia de la exposición química iniciadora. Ellos sugieren que el
nombre "Pérdida de Tolerancia Inducida por Tóxicos" (inglés: Toxicant-
Induced Loss of Tolerance, TILT) describe mejor la naturaleza verdadera
de la(s) enfermedad(es) --iniciada por una exposición tóxica que lleva
a la pérdida de la tolerancia a los químicos comunes. Ellos sugieren
que eventos iniciadores diferentes pudieran dar lugar a enfermedades un
tanto diferentes, todas ellas causantes de sensibilidad a los químicos -
-de la misma manera en que enfermedades infecciosas diferentes pueden
todas causar una fiebre.

La comunidad científica ha tenido varios simposios sobre la MCS (o
TILT) desde 1990 y se ha llegado a un consenso científico sobre las
investigaciones doble ciegas con controles de placebo que deben
llevarse a cabo para definir esta enfermedad (o familia de
enfermedades).

A pesar de este consenso, la investigación no se está llevando a cabo
porque no existen las instalaciones necesarias. Se necesita construir
una "unidad médica ambiental" especial, preferiblemente en un hospital,
para examinar pacientes con MCS al exponerlos a químicos en condiciones
controladas y observar sus respuestas. A pesar de numerosas
recomendaciones de que debería construirse una unidad como ésa --
incluyendo una recomendación del Consejo Nacional de Investigaciones--
no existe el financiamiento.

Sin nombrarlo, los autores Ashford y Miller culpan a Ronald Gots y a
otros como él por el atolladero: "...quienes continúen promoviendo
teorías psicogénicas para la MCS que no hayan sido probadas y que no se
puedan probar son parte del problema. El cabildeo a los formuladores de
políticas y otros ha contribuido a generalizar la inercia gubernamental
en este asunto, haciendo casi imposible la obtención de financiamiento
para estudios esenciales específicamente dirigidos hacia la MCS. Muchos
de quienes defienden las explicaciones psicológicas en reuniones
patrocinadas por el gobierno y en la literatura científica son voceros
corporativos pagados o asesores con conflictos de intereses
financieros. Pero estos conflictos generalmente no son revelados cuando
estos individuos aparecen en reuniones científicas, son autores de
artículos científicos, trabajan en comisiones o juntas oficiales, o
como árbitros revisando propuestas de financiamiento. Los formuladores
de políticas y los editores de revistas académicas tienen que reconocer
y remediar esta terrible injusticia" [1, pág. 256].

Estas no son cuestiones académicas. Sólo setenta mil veteranos de la
guerra del Golfo Pérsico, han buscado ayuda. A ellos les han dicho que
deben probar que su enfermedad existe --pero sin investigación, los
veteranos no tienen pruebas. Lo mismo es cierto para decenas de miles
de mujeres cuyos implantes de senos las han dejado con muchos de los
síntomas de la MCS. (Cuando David Kessler era director de la Dirección
de Alimentos y Drogas (Food and Drug Administration, FDA),
dijo: "Nosotros sabemos más acerca de la vida de un neumático que sobre
un implante de seno"). Estas personas y millones de otras están
sufriendo genuinamente, sin embargo se les dice --sin basarse en
investigaciones-- que no tienen nada malo médicamente --que todo está
en sus mentes. Sólo la investigación puede encontrar la verdad.

Muy posiblemente, la MCS o TILT es una cuarta, nueva clase de
enfermedades paralela a las infecciones, los desórdenes inmunológicos y
el cáncer. Quienes están sufriendo sus síntomas no pueden aliviarse de
su tormento hasta que se hayan realizado las investigaciones
necesarias. Quienes son pagados por las corporaciones químicas para
entorpecer el camino de esas investigaciones se merecen los
calificativos inhumano y cruel. ¿Sería criminal una palabra demasiado
fuerte?

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

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[1] Nicholas A. Ashford y Claudia S. Miller, CHEMICAL EXPOSURES; LOW
LEVELS AND HIGH STAKES. Segunda Edición. (New York: Van Nostrand
Reinhold, 1998). ISBN 0-442-02524-6.

Palabras claves: mcs; sensibilidad química múltiple; enfermedad
ambiental; alergias; nicholas ashford; claudia miller; low levels and
high stakes; estrategia del tabaco; ciencia chatarra; monsanto;
dowelanco; procter and gamble; cosmetics, toiletries and fragrances
association; ronald gots; esri; national medical advisory group;
fármacos; pesticidas; incendios; environmental sensitivities research
institute; solventes; sistema nervioso; sistema inmunológico; toxicant-
induced loss of tolerance; tilt; unidad médica ambiental; agendas de
investigaciones; emu; síndrome de la guerra del golfo; implantes de
silicona para los senos; implantes de seno; clases de enfermedades;