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#586 - El Principio de la Precaución, 18-Feb-1998

Durante los últimos 10 años ha ido surgiendo un nuevo principio para
guiar las actividades del ser humano de manera de prevenir los daños al
ambiente y a la salud humana. Se llama el "principio de la acción
preventiva" o "principio de la precaución". (Ver REHN #257, #284, #319,
#363, #378, #423, #539, #540).

Un grupo internacional de científicos, funcionarios del gobierno,
abogados y activistas comunitarios laborales y ambientales se reunieron
del 23 al 25 de enero en Wingspread en Racine, Wisconsin, para definir
y discutir el principio de la precaución [1]. Después de dos días de
reuniones, el grupo emitió el siguiente comunicado de consenso:

Declaración de Wingspread sobre el Principio de la precaución

"La emisión y el uso de sustancias tóxicas, la explotación de los
recursos y las alteraciones físicas del ambiente han tenido
consecuencias importantes no buscadas que afectan la salud humana y el
ambiente. Algunas de esas consecuencias son las altas tasas de
deficiencias de aprendizaje, el asma, el cáncer, los defectos de
nacimiento y las extinciones de especies, junto con los cambios en el
clima mundial, la disminución del ozono de la estratósfera y la
contaminación mundial con sustancias tóxicas y materiales nucleares.

Nosotros pensamos que las regulaciones ambientales existentes y otras
decisiones, particularmente aquellas basadas en la determinación de los
riesgos, han fracasado en proteger adecuadamente la salud humana y el
ambiente --el sistema más grande del cual los seres humanos sólo son
una parte.

Nosotros pensamos que existen evidencias convincentes de que los daños
a los seres humanos y al ambiente mundial son de tal magnitud y
seriedad que se necesitan principios nuevos para dirigir las
actividades humanas.

Mientras reconocemos que las actividades humanas pueden implicar
peligros, las personas tienen que proceder más cuidadosamente de como
lo han hecho recientemente en la historia. Las corporaciones, las
entidades del gobierno, las organizaciones, las comunidades, los
científicos y otros individuos tienen que adoptar un enfoque preventivo
para todas las iniciativas humanas.

Debido a esto, es necesario implementar el Principio de la precaución:
cuando una actividad amenaza con dañar la salud humana o el ambiente,
deberían tomarse medidas preventivas; incluso si algunas relaciones
entre causas y efectos no están totalmente establecidas
científicamente. En este contexto el proponente de una actividad, más
que el público, es quien debería cargar con las evidencias
[concernientes a la seguridad, inocuidad y necesidad].

El proceso de la aplicación del Principio de la precaución debe ser
abierto, bien fundado y democrático, y debe incluir las partes
potencialmente afectadas. También debe implicar el examen de toda la
gama de alternativas, incluyendo la no acción". [Fin del comunicado].

Así como está formulado aquí, el principio de la acción preventiva
tiene 4 partes:

1. Las personas tienen el deber de tomar acciones anticipadas para
prevenir daños. (Un participante de la reunión de Wingspread resumió la
esencia del principio de la precaución así: "Si usted tiene una
sospecha razonable de que algo malo pudiera suceder, usted tiene la
obligación de tratar de detenerlo").

2. La carga de las pruebas de la inocuidad de una nueva tecnología,
proceso, actividad o químico recae en los proponentes, no en el público
general.

3. Antes de usar una nueva tecnología, proceso o químico, o de comenzar
una nueva actividad, las personas tienen la obligación de examinar "un
espectro completo de alternativas", incluyendo la alternativa de no
hacer nada.

4. Al aplicar el principio de la precaución, las decisiones deben
ser "abiertas, bien fundadas y democráticas" y "deben incluir las
partes afectadas".

El principio de la precaución realmente no es nuevo. La esencia del
principio está captada en aforismos del sentido común, como: "una onza
de prevención vale por una libra de cura", "es mejor prevenir que
lamentar", y "mira antes de saltar". Sin embargo, la política ambiental
en los EUA y Europa durante los últimos 70 años ha estado guiada por
principios completamente diferentes, reflejados quizás mejor en los
aforismos "quien no arriesga, no gana" y "deja al diablo tomar la
delantera".

Los participantes en la reunión de Wingspread venían de los EUA,
Canadá, Alemania, Gran Bretaña y Suecia.

"La precaución es algo natural en nuestras vidas", dijo Gordon Durnil,
un abogado de Indianapolis, Indiana, y autor de THE MAKING OF A
CONSERVATIVE ENVIRONMENTALIST. (Ver REHN #453). "Desde mi punto de
vista de un republicano conservador, éste es un principio
conservativo". Durante la administración de Bush, Durnil fue presidente
de la Comisión Mixta Internacional (International Joint Commission,
IJC), establecida mediante un tratado para resolver los problemas de
los Grandes Lagos entre los EUA y Canadá. (Ver REHN #284, #378, #505).

Joel Tickner, de la Universidad de Massachusetts en Lowell, dijo: "El
enfoque actual de las tomas de decisiones es preguntarse '¿Cuán seguro
es seguro? ¿Qué nivel de riesgo es aceptable? ¿Cuánta contaminación
puede asimilar un ser humano o un ecosistema sin mostrar ningún efecto
adverso obvio?' El enfoque que se origina del principio de la
precaución formula un grupo diferente de preguntas: '¿Cuánta
contaminación puede evitarse a la vez que se siguen manteniendo las
cosas que necesitamos? ¿Cuáles son las alternativas para este producto
o actividad que alcancen la meta deseada? ¿Necesita la sociedad esta
actividad en primer lugar?'" [2]

Los participantes notaron que las políticas actuales como la
determinación de los riesgos y los análisis de la relación costo-
beneficio le dan el beneficio de la duda a los nuevos productos y
tecnologías, que después puede demostrarse que son perjudiciales. Y
cuando suceden los daños, las víctimas y sus abogados tienen la tarea
casi imposible de probar que un producto o actividad en particular fue
la causa.

Carolyn Raffensperger, coordinadora de la Red de Ciencia y Salud
Ambiental (Science and Environmental Health Network, SEHN) dice: "El
papel de la ciencia [en la toma de decisiones] es esencial. Pero el
público tiene que participar de lleno. El consentimiento hecho sobre
una base segura es igual de esencial".

La autora Sandra Steingraber (ver REHN #565) dijo en la reunión de
Wingspread que el principio de la precaución sugiere ciertas clases de
argumentos que los activistas comunitarios pudieran usar a nivel local:

1) Cuando los químicos tóxicos entran en nuestros cuerpos --o en los
cuerpos de nuestros hijos-- sin nuestra información y consentimiento,
es una entrada tóxica sin autorización. Una entrada sin autorización
como ésa es ilegal y casi todos reconocen que está mal.

2) Un estudio reciente hecho por el Centro de Harvard para la
Prevención del Cáncer (Harvard Center for Cancer Prevention) concluyó
que sólo un 2% de las muertes de cáncer son causadas por toxinas
industriales liberadas al ambiente. Steingraber señala que, si nosotros
aceptamos un cálculo como ése como valor nominal, éste 2% representa
las dolorosas muertes de casi 11.000 personas cada año en los EUA solo -
-el equivalente anual a la exterminación de una ciudad pequeña,
treinta funerales cada día. Y estas muertes representan una forma de
homicidio. Estos homicidios están mal y casi todos reconocen que están
mal.

3) Todos nosotros tenemos un derecho humano fundamental de disfrutar
nuestro ambiente sin miedo. Quienes ponen químicos tóxicos en el
ambiente --ya sea como desechos o como productos-- nos están negando
este derecho humano. Casi todos reconocen que tal negación de los
derechos humanos está mal.

Al nivel de las políticas, Robert Costanza, de la Universidad de
Maryland y participante en Wingspread, propuso un "bono de garantía" --
que llamó "enfoque 4P de la incertidumbre científica". (Ver REHN
#510). "4P" significa "principio de la precaución del pago por el
contaminador" (por sus siglas en inglés). Usando el enfoque "4P", antes
de que pueda introducirse una nueva tecnología, proceso o agente
químico, el daño que sucedería en el peor de los casos sería calculado
en términos de dólares. Entonces se le exigiría al proponente de la
nueva actividad que fije una obligación monetaria por el monto total
antes de la puesta en marcha.

Hoy en día "bonos de garantía" como ese son comunes en la industria de
la construcción, para asegurar que un trabajo estará listo según lo
programado. Un bono "4P" movería en forma efectiva el peso de las
pruebas sobre el proponente --si puede demostrarse la inocuidad con el
paso del tiempo, algo o todo el bono le sería devuelto (con intereses).
Un bono "4P" también le daría al proponente incentivos financieros
poderosos para reducir los daños del peor tipo, por ejemplo, adoptando
alternativas intrínsecamente menos dañinas. El bono "4P" también le
daría al proponente un incentivo financiero para examinar continuamente
los efectos de la nueva actividad --si pudiera demostrarse que los
daños son menores que los estimados para el peor de los casos, podría
devolvérsele una parte del bono (con intereses) pero el peso de las
pruebas para esa demostración seguiría recayendo sobre el proponente.

Parece poco probable que el principio de la precaución vaya a sustituir
al enfoque de la determinación de los riesgos para la protección
ambiental en los EUA a corto plazo. La oposición de la industria
química sola probablemente sería suficiente para prevenir eso. Un
número de asesores de la industria química han tildado al principio de
la precaución de no científico y peligroso. Por ejemplo, Jack Mongoven,
de la firma de relaciones públicas MBD (Mongoven, Biscoe y Duchin en
Washington, D.C.), le ha aconsejado a la industria química
que "movilice a la ciencia en contra del principio de la precaución".
(Ver REHN #496).

El Sr. Mongoven dice que el principio de la precaución es antagónico a
la ciencia, tiene sus orígenes en el instinto y la emoción, y "amenaza
a toda la industria química" [2].

Es cierto, el principio de la precaución sí carga el peso de las
pruebas para la inocuidad sobre los productores de químicos tóxicos. La
mayoría de las personas aceptan fácilmente una carga como ésa en el
caso de la industria farmacéutica, que tiene que demostrar seguridad y
eficacia antes de comercializar una droga nueva. Las razones para
colocar tales requerimientos sobre las corporaciones de fármacos fueron
que los seres humanos estarían expuestos directamente a las drogas, de
manera que tenía que demostrarse tanto la inocuidad como la necesidad
de la nueva droga. Hoy en día sabemos que todos los rellenos sanitarios
filtran, los incineradores no destruyen completamente los químicos
tóxicos, y por lo tanto los humanos están expuestos a niveles bajos de
prácticamente todo químico industrial liberado en los canales
comerciales (ya sea como desecho o como producto). Por consiguiente,
las razones para la política del gobierno de los EUA respecto a los
fármacos llevaría lógicamente a la conclusión de que todos los químicos
industriales deberían ser tratados de la misma manera que las drogas:
las pruebas sobre la inocuidad (y las pruebas sobre su necesidad)
deberían recaer sobre el productor.

Para garantizar que los productores tienen confianza en sus propios
cálculos de inocuidad, el bono "4P" para el peor de los casos serviría
bien. (El bono 4P simplemente les exige a la corporaciones químicas que
afirman que "no tienen problema" que paguen en vez de hablar). Si el
cálculo de inocuidad del productor resulta estar equivocado, el bono
grande sería usado para pagar por los perjuicios que ocasione el nuevo
producto o actividad. Quienes dicen que propician soluciones a los
problemas ambientales basadas en el mercado deberían acoger
calurosamente una propuesta de prevención eficiente y fiscalmente
responsable como ésta.

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Participantes en Wingspread (las afiliaciones son sólamente para
fines de identificación): Nicholas Ashford, Massachusetts Institute of
Technology; Katherine Barrett, University of British Columbia; Anita
Bernstein, Chicago-Kent College of Law; Robert Costanza, University of
Maryland; Pat Costner, Greenpeace; Carl Cranor, University of
California, Riverside; Peter deFur, Virginia Commonwealth University;
Gordon Durnil, abogado; Dr. Kenneth Geiser, Toxics Use Reduction
Institute, University of Mass., Lowell; Dr. Andrew Jordan, Centre for
Social and Economic Research on the Global Environment, University Of
East Anglia, Gran Bretaña; Andrew King, United Steelworkers of America,
Canadian Office, Toronto, Canadá; Frederick Kirschenmann, agricultor;
Stephen Lester, Center for Health, Environment and Justice; Sue Maret,
Union Institute; Dr. Michael M'Gonigle, University of Victoria, British
Columbia, Canadá; Peter Montague, Environmental Research Foundation;
John Peterson Myers, W. Alton Jones Foundation; Mary O'Brien, consultor
ambiental; David Ozonoff, Boston University; Carolyn Raffensperger,
Science and Environmental Health Network; Pamela Resor, Massachusetts
House of Representatives; Florence Robinson, Louisiana Environmental
Network; Ted Schettler, Physicians for Social Responsibility; Ted
Smith, Silicon Valley Toxics Coalition; Klaus-Richard Sperling, Alfred-
Wegener Institut, Hamburg, Alemania; Sandra Steingraber, autora; Diane
Takvorian, Environmental Health Coalition; Joel Tickner, University of
Mass., Lowell; Konrad von Moltke, Dartmouth College; Bo Wahlstrom, KEMI
(National Chemical Inspectorate), Suecia; Jackie Warledo, Indigenous
Environmental Network.

[2] Bette Hileman, "Precautionary Principle," CHEMICAL & ENGINEERING
NEWS [C&EN] February 9, 1998, págs. 16-18.

[3] Harvard Center for Cancer Prevention, "Harvard Report on Cancer
Prevention," CANCER CAUSES AND CONTROL Vol. 7, Suplemento 1 (1996),
págs. 3-59.

Palabras claves: principio de la precaución; wingspread; regulation;
reuniones; comunicado de wingspread sobre la precaución; determinación
de los riesgos; jack mongoven; mbd; industria química; gordon durnil;
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network; sehn; ijc; joel tickner; sandra steingraber; harvard center
for cancer prevention; robert costanza; bono de garantía 4p; bonos de
garantía; carga de las pruebas; determinación de alternativas; política
de los fármacos;